Los anuncios recientes del Ministerio de Economía van, en términos generales, en la dirección correcta. Tras años de reformas postergadas, resulta positivo volver a hablar de sostenibilidad de Petroperú, responsabilidad fiscal, revisión de normas que generan gasto sin financiamiento, reforma de la inversión pública, simplificación administrativa, informalidad y mercado laboral.
El diagnóstico es conocido. El Perú necesita recuperar inversión y productividad. Reducir permisos redundantes, acortar plazos, mejorar la coordinación entre entidades y dar predictibilidad a quienes quieren invertir puede tener un impacto significativo sobre el crecimiento. También es saludable abrir la discusión sobre formalización, empleo juvenil y reorganización de feriados.
Pero cuidado con lo que hacemos con la otra mano. Un eventual aumento de la remuneración mínima de S/ 1,130 a S/ 1,300, aun en dos etapas, supone un incremento de 15%. En una economía con más de 70% de informalidad laboral, que supera el 86% entre las micro y pequeñas empresas, elevar costos laborales sin respaldo de productividad puede terminar desincentivando la contratación formal.
Además, el momento importa. El Fenómeno de El Niño podría afectar en los próximos meses diversas actividades y sus cadenas de proveedores, reduciendo producción, ventas y liquidez. Elevar costos obligatorios en esas circunstancias sería echar gasolina al fuego. En buena hora que volvamos a hablar de reformas. Pero estas requieren estrategia, secuencia y oportunidad. No tendría sentido promover inversión, formalización y empleo con una mano, para terminar encareciéndolos con la otra.




