El retorno de Perú Libre al poder confirma la fragilidad institucional de la Presidencia de la República y el actuar errático del Congreso. Ello nos sitúa frente a la advertencia más severa de Max Weber en su obra “La política como profesión” donde señala que: en el Estado, “del bien no solo sale el bien”.

Weber distinguía entre dos formas de actuar. La ética de la convicción es propia de quien se guía por absolutos e innegociables, ignorando las consecuencias de sus actos. Es la ceguera de una derecha que, por purismos ideológicos o intereses particulares se fragmentó. Al priorizar el “yo tengo la razón” sobre la eficacia estratégica, entregaron el tablero al adversario.

Frente a esto, la ética de la responsabilidad exige que el político responda por las consecuencias previsibles de sus actos. Esta ética obliga hoy a los políticos de derecha a madurar. La madurez política, para Weber, es la capacidad de reconocer que la política es un “duro y lento perforar de tablas de madera” que requiere sentido de la proporción. No es momento de “barras bravas” ideológicas, sino de unificar esfuerzos en defensa del país.

Defender nuestro modelo constitucional y perfeccionarlo es el imperativo moral de una derecha responsable. Si los grupos que defienden el orden no logran sacrificar sus egos para formar coaliciones sólidas, estarán confirmando la paradoja de Weber: que sus “buenas intenciones” terminaron provocando el mal que tanto temían. La política no es un altar para ofrecer buenas intenciones, sino un compromiso con la realidad y la supervivencia institucional de la nación.