Opinión

EE.UU y su multilateralismo sobre Jerusalén

Columna de Miguel Ángel Rodríguez Mackay

22 de Diciembre del 2017 - 07:48 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Ha sido totalmente sintomático. Apenas Donald Trump lanzó una seria advertencia a todos aquellos países que cerraran filas con la tesis del reconocimiento de Jerusalén Este como capital del Estado de Palestina, en el sentido de adoptar medidas para reducir y hasta anularles el apoyo de carácter bilateral, la comunidad internacional ha salido al frente para responder a Washington por antítesis, y lo ha hecho apoyando una resolución de las Naciones Unidas, precisamente contra el acto unilateral estadounidense.

Está claro que 128 Estados de los 193 de la ONU consideran que el asunto de Jerusalén debe ser ventilado en el marco de negociaciones en el máximo foro del planeta, y teniendo como base de ellas las resoluciones 181 y 242. La decisión de Trump sigue generando gratuitas polarizaciones que pudieron evitarse con la prudencia de que el propio sistema internacional ha venido demandando en la actual coyuntura planetaria.

La Casa Blanca no puede actuar de espaldas a una tendencia mundial que está claramente determinada en una condena a la deliberada posición proisraelí de Donald Trump, y esta realidad no es buena señal para la política internacional de Estados Unidos que más bien debió mantener una postura, por lo menos visiblemente ecléctica, guardando el equilibrio que corresponde al hegemón del mundo.

Lo que está pasando es que el multilateralismo estadounidense se expone en demasía, frente a una comunidad internacional que no va a cambiar su percepción de la crisis israelí-palestina. En efecto, en la sede de la ONU en Nueva York, la máxima representante diplomática de Washington colisiona en prácticamente todas sus interacciones por los pasillos del edificio de la organización, y sus energías no le producen los réditos diplomáticos que esperaba en favor de su país. La decisión de Trump de cerrar filas con Israel es legítima, pero al hacerlo no está considerando la prudencia que la inmensa mayoría de países estaba esperando. La gravedad del asunto para el presidente Trump es que el asunto de Jerusalén arrastre otros problemas para su política exterior bastante cuestionada.