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EL NIÑO QUE SE VIENE, columna de Iván Slocovich Pardo

Director de Correo.

Iván Slocovich

Actualizado el 26/06/2026, 07:32 a.m.

El virtual gobierno de Keiko Fujimori no la tendrá fácil en ningún aspecto, pues las demandas contenidas en seguridad, salud, educación e infraestructura son inmensas luego de las cuatro administraciones que nos generó la nefasta elección de Perú Libre en 2021. Sin embargo, a todos esos retos se suma uno adicional que son los inminentes efectos del fenómeno El Niño que comenzarán a manifestarse a fines de este año con una fuerza que según adelantan los especialistas, sería devastadora.

A eso se añade que con la llegada de los efectos de esta anomalía climática, estrenarán cargos los nuevos gobernadores y alcaldes provinciales y distritales, que en teoría son los brazos locales del Estado para atender directamente estas emergencias. Esto es un grave problemas, pues con autoridades novatas y que recién están conociendo incluso dónde está el botón de luz de sus oficinas, es difícil que puedan disponer de recursos y tomar acciones apenas iniciadas sus funciones.

Por eso, desde apenas asumidas sus funciones este 28 de julio, el nuevo gobierno central debe tomar el liderazgo de las acciones para mitigar los efectos del fenómeno que entre los años 1982 y 1983, y 1997 y 1998, por citar solo dos casos, casi devastó principalmente el norte del país, parte de Lima y sectores de Ica, y generó gravísimos daños en la infraestructura, la pesca, la agricultura, las exportaciones, el comercio y, en general, a la economía del país, que retrocedió.

Pensar en que los gobernadores y alcaldes salientes van a dejar la mesa servida para las nuevas autoridades, sería como dispararse a los pies. En el Perú sabemos cómo funcionan estas cosas. Desde ahora están de salida y es poco o nada lo que harán de acá a diciembre. Lo que van a encontrar sus sucesores serán oficinas con funcionarios y empleados preocupados en su estabilidad laboral, y las arcas regionales y municipales vacías, o con complicados procesos para usar lo poco que haya.

Si el gobierno de Fujimori quiere atender a los peruanos más necesitados por esta emergencia y empezar la gestión con el pie derecho, sería un grave error confiar en el trabajo de las autoridades locales. Además, las responsabilidad de las imágenes de los ciudadanos con el agua hasta la cintura, los puentes caídos, las tierras de cultivo devastadas por el agua y los casos de dengue, aparte de los muertos y heridos que vayamos a tener, se la van a atribuir a Lima de todas maneras.

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