En teoría, tras la vacancia de Dina Boluarte y el ingreso de una administración interina a la Presidencia de la República con José Jerí al frente, debíamos irnos en automático hasta julio de este año, con atención especial de parte de la ciudadanía en el proceso electoral que se avecina y que nos debe dar una salida a un quinquenio desastroso caracterizado por la inestabilidad política y los escándalos protagonizados por mandatarios para el olvido como el golpista Pedro Castillo y su sucesora.
Mientras los comicios de 12 de abril, los candidatos y sus propuestas debían ser los protagonistas de este arranque del 2026, el presidente Jerí, sus ministros y sus funcionarios debían centrarse en garantizar el proceso electoral, en reforzar y mostrar resultados de la lucha contra la criminalidad, en mantener la economía sin sobresaltos, en atender cualquier emergencia y en entregar lo mejor posible el manejo del país a quien les tome la posta el 28 de julio próximo.
Sin embargo, el llamado “chifagate”, que ha llevado al mandatario a hundirse en una serie de versiones distintas, mentiras e imprecisiones, viene generando una turbulencia innecesaria al país, todo por las actitudes de un gobernante al que evidentemente le ha quedado grande un cargo que implica ser y parecer honesto a través de la transparencia, la rendición de cuentas y la coherencia en las explicaciones que haya que dar a un país cansado de políticos corruptos y sinvergüenzas.
Ahora nos encontramos ante la posibilidad de ver a Jerí saliendo de Palacio de Gobierno y de tener un cuarto mandatario en un mismo quinquenio, lo mismo que en el periodo anterior en que comenzamos con Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y acabamos con Francisco Sagasti en 2021, tristes historiales para un país que necesita estabilidad para generar confianza y crecer en beneficio de la gente de a pie que irónicamente votó por Pedro Castillo, un semianalfabeto y filosenderista que a nada buenos nos iba a llevar.
Después de Castillo y Boluarte, el país merecía calma para tener unos comicios sin mayores ruidos ni distorsiones de último momento. El único responsable de las consecuencias que este escándalo chifero pueda tener, como podría ser la elección de un “antisistema” como producto del hartazgo de la gente hacia la clase política, será el aún presidente Jerí, por más que diga que de por medio hay un complot e “intentos desestabilizadores para alterar el proceso electoral”. ¿Quién lo mandó a reunirse en secreto con proveedores y prontuariados?




