La debilidad de la disciplina y de la autoridad de los directivos, docentes y auxiliares en los colegios obedece a múltiples factores. En principio se instaló la idea de que cualquier medida disciplinaria atentaba contra los derechos de niños y adolescentes, cuando la disciplina escolar bien entendida, es parte de la formación ciudadana. Un estudiante tiene derecho a ser educado y, a la vez, el deber de respetar los límites que existen en las escuelas y en toda la comunidad.
Esa idea se tradujo en normas y en instituciones. Entre ellas, la existencia del SíseVe (2013) –un depósito de denuncias– que según se anuncia, desaparecerá, y en la eliminación de la Dirección de Tutoría y Orientación Educativa (2015), con la cual en el Minedu se perdió la institucionalidad del acompañamiento a los alumnos, docentes y padres.
Estando de acuerdo, en líneas generales, con los lineamientos de disciplina en consulta, llama la atención la propuesta de evaluar la conducta de 0 a 20, cuando, por el contrario, debe desarrollarse “una evaluación formativa como un proceso cualitativo y recuperador” que use los cuatro niveles de logro ya existentes en el currículo escolar (desde hace 30 años en inicial y primaria y hace 10 años en secundaria) que serían: Conductas: destacada (AD), satisfactoria (A), en proceso de mejora (B) y deficiente (C).
Se debe constituir la dirección de Tutoría, Bienestar Socioemocional y Disciplina Escolar para liderar, acompañar y capacitar a tutores, docentes y directores, así como a las familias, y dar sostenibilidad a la gestión del comportamiento de los alumnos. Se necesita disciplina con bienestar socioemocional y evaluación formativa de la conducta, en una consistente educación integral de calidad.




