La clandestina reunión del encargado de la presidencia, José Jerí, con el empresario chino Zhihua Yang, entre gallos y medianoche, en un chifa de San Borja, el último 26 de diciembre, tiene todos los indicios de esas reuniones en las que el kamlú wantán o el pollo chijaukay no son necesariamente el plato principal.

Para empezar, un empresario que tiene como asesor para algunos servicios a Nicanor Boluarte está lejos de tener una aureola de santidad que lo blinde de cualquier sospecha. Zhihua Yang tiene en su haber una gama de actividades y negocios que bien podrían necesitar de una manito del poder, algo tan extendido en los miles de expedientes que pululan en las esferas judiciales. 

Lo que más llama la atención es la explicación alucinante de Jerí sobre los motivos de la cita: la supuesta coordinación de la celebración del Día de la Amistad Peruano-China. ¿Es en serio? ¿Es al jefe de Estado al que le corresponde organizar las actividades de tan magno evento? ¿No debería ser Torre Tagle? ¿Y el interlocutor no sería la embajada china?

Peor aún, con las cifras de la inseguridad ciudadana desbordándose con niveles superlativos, los graves cuestionamientos a la permanencia del jefe del Inpe, Iván Paredes, o problemas de gestión altamente complejos como la reorganización de Petroperú, ¿está el presidente para dedicar horas a la celebración de la Amistad Peruano-China? ¿Y cuando aún faltaban 35 días para la histórica fecha?

Las mentiras tienen patas cortas. Sino, que Jerí le pregunte a Dina Boluarte cómo le fue con su primera versión sobre el Rolex que portaba. No vaya a ser que la insólita justificación de este encapuchado cónclave termine siendo también un cuento chino.