¿Qué valor tiene un acta oficial frente a la solidez de una tradición? El pasado martes 17 de marzo, Costa Rica no solo cumplió con un protocolo, sino que renovó el contrato social que la distingue en la región. El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) entregó las credenciales a la fórmula ganadora de los comicios del 1 de febrero, en una ceremonia que destacó por su sobriedad. El evento culminó con el mensaje de la Dra. Laura Fernández, quien el próximo 8 de mayo juramenta el cargo para asumir como la jefa de Estado número cincuenta en la historia de su ejemplar democracia.

Es una tradición ejemplar del país que la mandataria electa renuncie a su militancia partidaria; un paso fundamental para garantizar la neutralidad y la unidad nacional en el ejercicio de su alta investidura. Son gestos que permiten a países como Costa Rica y Uruguay destacar como las naciones con mayor estabilidad. Ambas comunidades políticas enfrentan desafíos significativos, pero los abordan siempre bajo el marco constitucional.

Resulta vital comprender que, aunque ninguna democracia es perfecta, es el único sistema legitimado por la sociedad. A través de ella, la ciudadanía otorga un mandato libre y temporal, sujeto a reglas que limitan el ejercicio del poder y aseguran el respeto al Estado de Derecho. La democracia no es un privilegio exclusivo de las naciones más desarrolladas de Occidente; es una meta institucional que cualquier pueblo puede alcanzar cuando decide priorizar la constitucionalidad sobre el caudillismo.