Opinión

La suerte de Piñera se la dio la izquierda

Columna de Miguel Ángel Rodríguez Mackay

19 de Diciembre del 2017 - 07:24

El reciente triunfo de Sebastián Piñera que lo unge por segunda vez presidente de Chile confirma el giro de América Latina hacia la derecha.

No es casualidad, pues la política internacional expone tendencias que suelen ponerse a tono con las corrientes políticas, sean ideológicas o pragmáticas.

No es que la derecha sea mejor, lo que además no creo, sino que mirando en sentido contrario, los asistencialismos y las medidas proteccionistas aplicados en algunos países de la región como Argentina con los Kirchner; Brasil con Lula y Rousseff; Ecuador con Correa; Bolivia con Evo Morales, que se aferra al cargo; y Venezuela con Maduro, donde la dictadura sigue imponiéndose por culpa de una oposición incapaz de sostenerse unida para acabarlo, han producido un enorme desencanto social por su superficialidad y poco efecto en la utilidad social, lo que como consecuencia genera una muy pesada cruz para sus respectivos pueblos.

La izquierda chilena y también su propio candidato, Alejandro Guillier, no fueron capaces de formar un frente unívoco para vencer al tercer hombre más rico de Chile. Tampoco pudieron convencer por lo menos a la mitad de una sociedad chilena que le dio todo su apoyo al final del régimen de Pinochet (1990) premiándola con cuatro gobiernos sucesivos (Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet).

El reiterado ausentismo electoral -otra vez superó el 50% de los votantes hábiles- revela que la gente ha perdido entusiasmo por la participación política, lo que constituye un riesgo para la propia práctica política en el país. Es una completa paradoja, pues el domingo Chile dio un ejemplo de madurez política para sostener la alternancia democrática a partir del reconocimiento de la victoria y la derrota electoral por los dos candidatos, sobre todo cuando en otros países de América Latina, como es el caso de Honduras, sucede exactamente todo lo contrario.

A Piñera le espera una agenda interna (educación, AFP, etc.,) que será tan compleja como la del frente internacional, particularmente los dos juicios que mantiene con Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia.

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