A esos que en el Perú les gusta votar por la izquierda cavernaria como la que tenemos, vean lo difícil que es sacar a esta gente una vez que llega al poder por la vía de las urnas, pues cuando ganan cambian la Constitución para asegurar eternas reelecciones y apelan a dar empleo a los amigos en el Estado y a regalar bonos y alimentos a fin de tener “cautiva” a la ciudadanía, tal como ha sucedido en Venezuela durante 26 años.
Estados Unidos ha tenido que enviar unidades militares para acabar a punta de balas y bombas con la vigencia de Nicolás Maduro, el sucesor de Hugo Chávez, quien el 1999, sí, en el siglo pasado, llegó al Palacio de Miraflores pintándose como un demócrata alejado de Cuba y cualquier ideología comunista. No hubo forma de echar a esta tiranía hasta la madrugada del sábado, en que se actuó por la vía de las armas.
Algo similar pasa en Cuba y Nicaragua.
Esta gente no comulga con la democracia ni con la rotación del poder cada cinco años. Ellos no creen en “pelotudeces democráticas”, como dijo algún día el hoy condenado por afiliación con el terrorismo Guillermo Bermejo, el que tiene un partido político y desde Piedras Gordas ha lanzado un candidato a la Presidencia de la República. Incluso ha opinado sobre la caída de Maduro.
Personajes que por años han apoyado tiranías y hoy lamentan el arresto de un dictador y delincuente internacional acusado de asesinatos y nexos con el narcotráfico, no pueden venir a dar consejos ni a pedir el voto por opciones que serían una tragedia para el Perú.




