La presidenta Dina Boluarte manifestó ayer que el país se está desangrando por irresponsabilidad de Pedro Castillo, además llamó a una tregua nacional y pidió al Congreso que acelere la segunda votación para confirmar el adelanto de elecciones. Lo primero es un punto de vista en el que coincide una gran cantidad de peruanos. Lo segundo es un buen gesto que no depende solo de ella. Lo tercero sí es difícil, ya que no hay consenso en el Legislativo para darle luz verde, cuanto antes, al proceso electoral.

La credibilidad de una autoridad se funda en lo que dice, pero mucho más en lo que hace. Por lo tanto, Boluarte tiene el gran desafío de transformar sus buenos propósitos en hechos concretos que resuelvan la grave crisis que atravesamos.

Es cierto que algunos, a punto de actos violentos, están violando los derechos de los demás. Está claro que su objetivo es generar un efecto intimidatorio sobre el Gobierno, que la gente muestre temor e incertidumbre, que se vayan los inversionistas y que todos tengan un desconcierto paralizante. Los desastrosos resultados ya se están viendo. Hay ciudades sin actividad económica por casi dos semanas. Quiebran empresas, se reduce a cero el turismo, escasean y suben los precios de los alimentos, la inflación supera los 9 puntos porcentuales en algunas regiones del sur, hay pérdidas millonarias en la minería, etc.

Denunciar los hechos y mostrarlos está bien, pero ya es hora que la presidenta Dina Boluarte y sus ministros aporten elementos y planes para una solución pragmática a este gran problema político y social.