Días antes del golpe de Estado de Pedro Castillo, un dominical denunció que el exministro y prófugo de la justicia Juan Silva se encontraba escondido en Venezuela, al amparo de la dictadura de Nicolás Maduro, la cual incluso le estaría pagando un dinero para sus gastos personales, por lo que sería bueno saber qué está haciendo el Ministerio de Relaciones Exteriores ante esto, que de ser cierto sería una puñalada a la lucha contra la corrupción en el Perú.

Desde el gobierno del profesor golpista tenemos relaciones diplomáticas plenas con la dictadura chavista. Se entiende que existe una relación de amistad y cooperación entre Lima y Caracas. Por eso, sería bueno que nuestra Cancillería informe al país si, en efecto, un supuesto país amigo está acogiendo a un corrupto evadido de la justicia como Silva, el hombre que sabe demasiado sobre las andanzas de Castillo y su familia.

¿Es verdad que está escondido? ¿Es cierto que le asignan un dinero? Recordemos que Silva fue ministro de Transportes y Comunicaciones (MTC) durante el régimen de Castillo, tiempo en que convirtió su sector en un nido de corrupción desde el primer día del gobierno del profesor que ahora está preso por golpista, pero que más tarde tendrá que responder por ser el cabecilla de una banda de saqueadores del Estado, según el Ministerio Público.

Otro asunto que debería analizar el Ministerio de Relaciones Exteriores es la presencia en el Perú de Carlos “El gallo” Zamora, un coronel de inteligencia y operador del castrismo tiránico que funge de embajador. Es evidente que su presencia en Lima no tiene nada de inocente ni diplomática. No podemos ser tan ingenuos como para permitir la presencia en nuestro suelo de un desestabilizador profesional de regímenes democráticos.

Queda claro que Castillo trataba asuntos turbios con las dictaduras comunistas de Venezuela y Cuba. Eran afines y se cuidaban las espaldas. Pero se supone que hoy estamos en un gobierno que está tratando de cambiar las cosas y enmendar rumbos. En el caso de la Cancillería, ya hizo una buena limpia de embajadores políticos, pero falta explicar la situación del evadido Silva y la presencia del inamovible Zamora.

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