Algunos de los asesores y ayayeros del candidato presidencial por Alianza para el Progreso (APP), César Acuña, deberían trabajar más fino a fin de impedir que su jefazo se muestre tan cínico ante los electores que igual no se tragan sus mentiras, tal como lo evidencian las encuestas más serias que lo siguen considerando en el rubro de “otros”, a pasar del dinero y la maquinaria puestas al servicio de su tercer intento por ser presidente del Perú, todo lo cual apunta a un nuevo naufragio.

Cómo este caballero nos va a venir a decir que él y su partido no han apoyado a Dina Boluarte, sino a la gobernabilidad y a los peruanos, cuando todos lo hemos visto respaldando a la señora que finalmente fue vacada por inepta, incluso frente a graves denuncias por corrupción. Allí están las imágenes de cuando eran socios. Eran los tiempos en que la exmandataria decía que ella era la madre de todos los peruanos y él, el padre de los liberteños que lo tenían como gobernador.

Este señor, además, contaba con miembros de su partido en el gabinete ministerial, en Essalud, en otras entidades públicas y hasta tenía –tiene– un embajador político en una plaza importante como es España. ¿Cree que la gente es tonta? Acuña ha sido parte de su gobierno, y que lo niegue es tan cínico y vergonzoso como hacer lo mismo con el respaldo que también dio al golpista Pedro Castillo, a quien el dueño de APP defendía con el argumento extraviado de que lo criticaban porque era de la sierra como él.

La otra pachotada que acaba de soltar Acuña es que no le interesa ser presidente, pero que postula al cargo por tercera vez para beneficiar a los 34 millones de peruanos. En otras palabras, está diciendo que lo elijamos para que nos haga el favor de gobernarnos. Creo que los ciudadanos, especialmente los que han tenido que padecerlo como gobernador y alcalde, más bien deberían señalarle que no se moleste, que se quede tranquilo en su casa, que no se le necesita porque ha demostrado que en la gestión pública es un desastre.

El dueño de APP no puede ser tomado en serio y menos para ser presidente. Además, cómo elegir a alguien que niega algo tan evidente como ha sido su apoyo a Boluarte y que, además, no le interesa el cargo de jefe de Estado. Con esta última confesión, no sería raro de que en el supuesto imposible de ser elegido, el hombre comience nuevamente con sus pedidos de vacaciones y licencias para realizar viajes de placer como lo hacía en su condición de gobernador, porque según ha dicho siempre, “todos tienen derecho a descansar”.

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