El país enfrenta un escenario en el que los problemas parecen acumularse y exigir respuestas simultáneas. A la creciente ola criminal y al peligro cada vez más cercano de un fenómeno de El Niño de gran intensidad se suma ahora otra preocupación que golpea directamente la economía de las familias: la inflación.
El incremento del costo de vida vuelve a encender las alarmas, especialmente en un momento en que la recuperación económica todavía necesita consolidarse. Si a ello se añade la escalada del precio internacional del petróleo, el panorama se vuelve aún más desafiante. Un mayor costo de los combustibles puede trasladarse progresivamente al transporte, la producción y, finalmente, al bolsillo de millones de peruanos.
El Gobierno de Keiko Fujimori tendrá, por tanto, que hilar fino para capear un temporal que no admite improvisaciones. Seguridad, prevención frente a los desastres naturales y estabilidad económica son hoy tres frentes que requieren atención inmediata y una acción coordinada del Estado.
Pero los momentos difíciles también representan una oportunidad para demostrar capacidad de gobierno. La ciudadanía no espera milagros ni soluciones mágicas de un día para otro. Lo que sí exige es un Estado presente, autoridades que anticipen los problemas y decisiones capaces de reducir el impacto de las crisis antes de que estas golpeen con mayor fuerza.




