Paulo Coelho, en “Ser como el río que fluye”, hace un simpático símil de cinco pasos entre el lápiz y la persona. (1) “(Como el lápiz) puedes hacer grandes cosas, pero no olvides que existe una mano que guía tus pasos”: Dios. (2) En determinado momento se requiere del tajador, lo que implica sufrimiento, heridas, “pero al final está más afilado”, o sea eres “mejor persona”.
(3) “El lápiz permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal”. En buen romance, corregir es “importante para mantenernos en el camino de la justicia”. (4) Más que la cáscara y la forma lo que interesa es el grafito, “por lo tanto, cuida de lo que sucede en tu interior”. (5) El pencil “siempre deja una huella” y, en ese orden, en nuestro tránsito por la vida, rasgamos marcas de las que debemos hacernos totalmente responsables.
Me preguntaba, al escuchar el flash electoral, si el lápiz del candidato de Perú Libre, Pedro Castillo –de ganar finalmente la Presidencia– escribirá el cuento que anunció durante la campaña electoral, que empieza con la cantaleta de una nueva Constitución y la desactivación del Tribunal Constitucional (TC), entre otras perlitas, suscritas por el plumón rojo de Vladimir Cerrón.
Es cierto que hay males que el nuevo Gobierno debe cortar de raíz, como un tumor maligno, entre ellos la corrupción y la desatención de la infraestructura sanitaria; sin embargo, los pilares del extremismo le harían un daño mayor al Perú, que lo que más necesita en esta coyuntura es tranquilidad y apertura económica para que no haya fuga de capitales y las vacunas contra la Covid-19 no se alejen más de nuestras manos.
En todo caso, ese lápiz amarillo sobre fondo rojo todavía no puede cantar victoria.




