Regular no siempre es sinónimo de ordenar. En muchos casos, regular sin entender termina distorsionando el mercado y perjudicando justamente a quienes se busca proteger. ASPEC ha publicado el informe “Movilidad sin reglas: riesgos al consumidor y la urgencia de regular en el Perú”, del cual se desprenden propuestas como exigir a plataformas digitales estándares homogéneos de seguridad y atención de incidentes. Si bien la protección del consumidor es un objetivo legítimo, el enfoque parte de una premisa equivocada: confundir intermediación tecnológica con prestación directa del servicio. Las plataformas digitales no son empresas de transporte ni flotas de vehículos; son intermediarios que conectan oferta y demanda. Cargarles responsabilidades propias de un operador tradicional implica interferir en su modelo de negocio y, como ocurre siempre, trasladar mayores costos al usuario final. Paradójicamente, varios de los problemas que ASPEC identifica —objetos olvidados, reclamos, atención de incidentes— eran prácticamente imposibles de resolver en el taxi “de la calle”. Olvidar un objeto en un taxi tradicional difícilmente terminaba en su devolución. Hoy, gracias a las plataformas, existe trazabilidad, canales de contacto y sistemas de reputación. No son mecanismos perfectos, pero representan una mejora sustancial frente al pasado. Muchos de los estándares que se proponen imponer por ley podrían ser asumidos voluntariamente por las propias plataformas como elementos de diferenciación competitiva: mejores protocolos, respuestas más rápidas y sanciones a conductores o usuarios que incumplen reglas. Eso es competencia, no imposición. Regular no debe significar distorsionar.




