Si uno quiere envilecer la inteligencia de los miembros que componen las sociedades, tiene que establecer paraísos artificiales. El escritor peruano Manuel González Prada, ya se había percatado de ello, cuando en sus escritos y reflexiones críticas, advierte el consumo desproporcionado de alcohol en los indígenas, como arma “para conservarlos en la ignorancia y embrutecerlos con el alcohol”. Igualmente, el héroe mitológico griego Odiseo o Ulises, en su exploración por el país de los Lotófagos, se percata de que sus habitantes permanecían en cierto “sedentarismo mental”, pues el loto tenía un componente psicotrópico, que facilitaba a quienes lo consumían de una fuerte inclinación al adormecimiento mental, y a desentenderse y desarraigarse de la realidad. Nuestros nuevos paraísos artificiales -en especial, tecnológicos y mediáticos-, inutilizan la inteligencia, entorpecen el discernimiento y mantienen a los atraídos en un estado de fatal aturdimiento. China -como informa el portal Infobae- ha creado una conocidísima red social, que opera como un arma de distracción masiva, y que tiene como objetivo específico, la distribución infinita de placer visual y auditivo. Por nuestra parte, los medios de comunicación social que, –como fija el artículo 14 de la ley constitucional– deben colaborar con el Estado en la educación y en la formación moral y cultural, por el contrario, son propagadores de vulgaridades y mediocridades. A pesar de las dificultades que presenta nuestro entorno, debemos perseverar en nuestra formación intelectual y moral, para estar mejor dotados y así poder incidir benéficamente en la actividad política, social y cultural de nuestros pueblos.