Serenella Matteucci fue una enorme artista y una mujer extraordinaria, de altísima sensibilidad social, viuda del gran médico historiador Alejandro Graña Aramburú. Cultivó la pintura, la escultura, las máscaras y el diseño de trajes venecianos. Nacida en Italia, hizo del Perú su patria y permitió que el encuentro entre ambas culturas marcara su creación. Su arte de máscaras alcanzó singularidad inigualable que expresaba las distintas identidades que se esconden -o se revelan- detrás de un rostro. Oswaldo Guayasamín, uno de sus maestros, quedó fascinado por esas piezas y fue personalmente a conocer sus obras. En Quito, en la Fundación Guayasamín, presentó «Ocultar o revelar». Entre sus trabajos figuran «Hija de la Luna» y «El Bosque». Su talento cruzó fronteras: expuso en Roma, Dinamarca, Finlandia, Quito y Miami. No se limitó a crear: abrió espacios para otros artistas en especial para los jóvenes. En 2009 organizó «Unidad en la diversidad un espacio tomado», un encuentro con cuarenta artistas peruanos y dos extranjeros, acompañado de poesía y de su colección de trajes venecianos. Su sensibilidad proverbial, se convertía en servicio. Colaboró en iniciativas artísticas para apoyar a niños necesitados. Recordamos, su amabilidad, rectitud espiritual y cariño por quienes vivían con mayores carencias. Nos conmovía como expresaba su identidad italiana y su amor por el Perú. Las injusticias la revelaban, su arte fue el cauce de esa fuerza. Hoy el dolor es personal y colectivo: hemos perdido una maestra del amor al arte y a la gente. Nos corresponde cuidar su obra y hacerla conocer. Honor al honor.




