El pasado 8 de agosto se estrenó la temporada número 38 de “Yo Soy”, programa que se ha convertido en el concurso de imitación artística de mayor vigencia en nuestra historia televisiva. Aplaudido por muchos, criticado por otros, el reality debe su larga permanencia en las pantallas porque se ha convertido en el único espacio de la señal abierta que le da espacio a los nuevos talentos del canto; que en este caso deben emular a sus intérpretes preferidos. En tiempos en los que los contenidos televisivos y en redes no privilegia al arte en cualquiera de sus formas, “Yo Soy” permite a sus participantes, sin más filtros que sus ganas y su voz, de tentar una oportunidad para mostrar sus aptitudes para el canto. Esa posibilidad de darse a conocer a millones de televidentes, recibir una preparación para mejorar sus apariciones y sobre todo tener una plataforma para dejar el anonimato, son elementos valiosos para cualquier joven artista. Esta sería una de las razones por las que el espacio de Latina, a pesar de que se ha despedido varias veces del aire, regresa por todo lo alto. Pero como todo en la vida tiene dos posiciones, los detractores de programa aseguran que no hay ningún mérito que se debe resaltar en los concursantes del programa. Señalan que se les exige olvidar su propio estilo para imitar a otros, que resulta ser el camino más fácil para lograr el reconocimiento. También se dice que mientras la competencia continúa, los talentos reciben todo el apoyo, pero luego que finaliza la temporada televisiva, se olvidan de ellos. Pero al margen de lo que podría considerarse negativo, hay que indicar que la imitación es un arte, exige una preparación constante y sobre todo además de resaltar un registro vocal, se debe afinar desplazamientos corporales, gestos y se debe pulir una caracterización completa si se desea llegar a la gran final. Lo real, lo tangible, lo que se debe tomar en cuenta, sin que suene a sobonería, es que muchos de los que han salido de “Yo Soy”, luego han hecho carreras propias en el canto y otros decidieron seguir en la imitación, lo que les permite ganarse la vida y asegurar su futuro. Ese es el gran mérito del programa, que a pesar de sus críticos, a cientos de talentos les ha dado la gran posibilidad de cambiar su realidad y la de sus familias, y todo con la música y la imitación.