Andrés Avelino Cáceres, el mariscal que nunca se rindió

El material recopila la biografía del héroe ayacuchano y los aspectos poco conocidos del militar. Ministerio de Defensa y Telefónica publican libro sobre “El brujo de los Andes”.

22 de Marzo del 2015 - 15:13 » Textos: Gastón Gaviola » Fotos: Difusión

Cuando el coronel Cáceres cargó la bayoneta en las pampas frente al Reducto N° 1, la batalla de Miraflores tenía más de una hora de haberse iniciado. Mientras estaba al frente del batallón Jauja, un disparo le fracturó el fémur, pero el bravo ayacuchano no se inmutó. Tras el primer choque rehizo a sus tropas, volvió a salir de las trincheras nacionales y atravesó la tierra de nadie. El Paucarpata y el Concepción chocaron aceros en lucha cuerpo a cuerpo con los chilenos de la III División que comandaba Pedro Lagos. El sol en ese momento marcaba las tres de la tarde.

Las balas sureñas de una onza de plomo buscaban el pecho del jefe peruano. Una de ellas finalmente se estrelló contra su catalejo, mientras el héroe lo tenía pegado al rostro. Sus ayudantes lo creían muerto, pero hacía falta más de un disparo para acabar con el caudillo.

Los ciudadanos-soldados, las milicias urbanas que se unieron al ejército regular para enfrentar al enemigo a las puertas de Lima, veían la magnitud del sacrificio y ellos mismos se lanzaron a lo más duro de la batalla. Los hombres de ese reducto, agrupados en el batallón N° 2 eran comerciantes y oficinistas de la ciudad, migrantes italianos y estudiantes del colegio Guadalupe. Bajo el comando del coronel Cáceres lograron la hazaña de apoderarse de cuatro cañones Krupp. Pero no fue suficiente.

“Por fin los reductos fueron tomados a punta de bayoneta. Estaban colmados de cadáveres, de cuerpos muertos de infelices adolescentes, en su mayoría empleados de comercio, de hombres distinguidos y de estudiantes”, refiere un texto de Clemente Markham en el libro “Cáceres”, editado por la Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú- sobre los últimos instantes de la batalla.

RECOPILATORIO. Para los amantes de la historia militar en particular, y la historia del Perú en general, la publicación es un recopilatorio de toda la biografía de quien fuera, después de la Guerra del Pacífico, presidente de la República.

“Después de la campaña militar se ha iniciado otra lucha más difícil y penosa, la lucha por superar las consecuencias del desastre”, recoge el libro las palabras de Cáceres Dorregaray el 30 de octubre de 1887, cuando empezaba la etapa de la Reconstrucción Nacional.

El libro, hecho en colaboración con el Ministerio de Defensa y la Fundación Telefónica, reconstruye aspectos poco conocidos del líder militar, en una edición que recopila además numerosas fotografías de la época del conflicto, combinadas con ilustraciones y cuadros que sitúan al lector en el momento exacto de la historia en la que el héroe tuvo participación activa.

BRUJO. Una mención aparte merece la sección dedicada a la Campaña de la Breña, en la que el coronel Cáceres ganó el apelativo de “El Brujo de los Andes”, derrotando a las fuerzas expedicionarias que lo buscaban en sucesivas batallas consecutivas con apenas horas de diferencia en Marcavalle, Pucará y Concepción. Finalmente, la gesta se cierra con la batalla de Huamachuco, donde toda resistencia finaliza.

El libro explora los parajes, pueblos y caseríos por los que Cáceres y sus tropas se movieron poniendo contra la pared a las fuerzas de ocupación, y proporciona datos poco conocidos de cada zona, e incluso fotografías rescatadas de archivos personales.

Estos mismos archivos sirven también como fuente para seguir la carrera política del soldado. En su primer gobierno (1886-1890), Cáceres formó el Partido Constitucional como parte de una época que conocemos como el Segundo Militarismo. La historia no es ajena tampoco a la Guerra Civil que enfrentó a Cáceres con Nicolás de Piérola, quien durante la Guerra del Pacífico fuera jerárquicamente jefe directo del militar.

DATO

El grado de mariscal le fue entregado por el presidente Augusto B. Leguía. Existe un mosaico en la Sociedad de Fundadores de la Independencia que refleja ese momento.

El local de la Sociedad era en realidad la casa que Leguía le iba a obsequiar a Cáceres en reconocimiento a sus servicios prestados, pero este falleció antes de que estuviera terminada.

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