Nada se cocina en la casa de Francis Kenter. Esta madre holandesa adoptó la dieta crudivegana – que estipula el consumo único de alimentos crudos- hace diez años, y desde entonces todos en casa, incluido su hijo Tom, están convencidos de que ingerir productos cocinados o de origen animal es dañino para su salud. Hoy Tom Watkins tiene quince años y se ve como un adolescente cualquiera con la particularidad, casi excéntrica para los de su edad, de que no delira ni por las papas fritas ni las hamburguesas, tampoco come carne o verduras hervidas. En su mesa todo es frío, crudo, natural, y le gusta. Pero esto ha empezado a preocupar a las autoridades de su país, que han amenazado con quitar la custodia del niño a su madre, a quien estarían acusando de negligencia por estar causando aparentemente un daño irreparable a su organismo.
Esta historia es el centro de un polémico documental holandés llamado Rawer (ver recuadro), que desde su estreno hace pocas semanas en Europa ha encendido las luces altas sobre este estilo de alimentación y las consecuencias reales de su práctica.
Correo Semanal quiso ahondar en el tema y buscó a dos voces enteradas. Josefina Finsterbusch, propietaria de Raw Café -cuyo menú es vegano y crudivorista-, y el nutricionista Luis Sánchez Mercado, del departamento de Nutrición y Dietética del Hospital Dos de Mayo, postulan los pros y contras de esta dieta que va sumando seguidores también en la capital.
LO BUENO
1. Pérdida de peso. Las adiposidades del cuerpo se reducen porque se consumen menos harinas y grasas. La dieta crudivorista ayuda a regularizar la digestión de las personas, lo que también ayuda a reducir los kilos de más.
2. Sistema inmunológico más fuerte. La capacidad de defensa del organismo es mayor ante el ataque de enfermedades. Esta reacción es consecuencia del consumo de alimentos no cocidos que no han perdido sus vitaminas y otros nutrientes.
3. Organismo desintoxicado. Se elimina las impurezas del cuerpo porque se come una gran cantidad de hojas verdes, como lechuga, acelga, coliflor o espinaca. Estas tienen alta concentración de clorofila, que purifica la sangre.
4. Piel y cabello radiantes. La piel tiene un mejor aspecto. Luce menos grasosa o reseca y más lozana. Las uñas no se quiebran y el cabello no se cae. Al no consumir azúcar refinada, los hongos desaparecen.
5. Digestión perfecta. Es imposible tener problemas digestivos, como estreñimiento o flatulencia, al seguir una dieta crudista. La alta cantidad de fibra de las frutas y verduras los evitan.
LO MALO
1. Alimentos con bacterias. Ya que los alimentos no se cocinan, las bacterias y enzimas perjudiciales no se eliminan. Si estas se ingieren, causan diferentes enfermedades.
2. Nutrición incompleta. La dieta crudivorista no cubre el requerimiento alimenticio diario, que en promedio es de dos mil calorías. Aunque incluye grasas de la palta, el aceite de oliva extravirgen, ajonjolí, coco, linaza, chía, sacha inchi, entre otros, podrían no ser suficientes.
3. No es recomendable para embarazadas y niños. No se ha demostrado que sea beneficiosa para las gestantes y los menores en desarrollo. Los médicos sugieren que ellos consuman carnes, grasas y legumbres como parte de una dieta balanceada. También recomiendan la avena, que es poco consumida por los crudivoristas.
4. Menos oferta e insumos. Aún es difícil encontrar restaurantes crudivoristas. Asimismo todos los insumos para preparar sus platos en los supermercados y centros de abastos.
5. Saciedad fugaz. La comida cruda es más fácil de digerir que la comida cocida. Se procesa en menos tiempo en el sistema digestivo y pronto se vuelve a sentir hambre. La sensación de saciedad es breve.
A la hora del 'bitute'
Las personas que siguen dietas crudivoristas necesitan tener amplios conocimientos sobre las características de los alimentos. Deben conocer de qué tipo son, los nutrientes que brindan, entre otra información, para saber combinarlos. "Solo así podrían alcanzar los mismos requerimientos nutricionales de las dietas convencionales", afirma el nutricionista Luis Sánchez Mercado del departamento de Nutrición y Dietética del Hospital Dos de Mayo. Foto: Johanna Valcárcel

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