La casa de Moral : El tesoro de 300 años
La casa de Moral : El tesoro de 300 años

Ingresar a la Casa del Moral es adentrarse a un mundo mágico, un mundo donde el tiempo se ha detenido en la época republicana. Su infraestructura toda de sillar, su piso aladrillado y sus curiosas formas, sorprenden al visitante, tanto por su misticismo como por lo imponente de cada una de sus paredes.

Nos decidimos a descubrir sus tesoros y el recorrido fue fascinante. Esto fue lo que encontramos.

El primero en recibirnos es un majestuoso árbol, "plantado hace 300 años y muerto hace 100", como nos explicó Álvaro Bustinza, el guía de la Casa del Moral. "Este es un árbol de mora. A este tronco seco, hoy adornado por algunas plantas ornamentales, se le debe el nombre de calle que hoy conocemos como Moral y el nombre de esta casa", nos explica.

ESPACIOS. El lugar tiene 7 ambientes, cada uno arreglado con muebles antiguos de madera o metal. Cada recinto guarda una historia.

Por la estructura española de la época, la casona tiene un gran patio en la parte delantera y habitaciones a los costados. Data de 1733 y perteneció a Manuel Santos de San Pedro, un español procedente de Valladolid – Catalunia. " Fue comprada muchas veces, pero la persona que realizó verdaderos cambios y reconstruyó el lugar cuando este era una casa abandonada fue Arthur Howel Williams, quien la adquirió, refaccionó su estructura y decoró en 1948", apunta Bustinza. Años más tarde, la casa pasó a manos del Banco Industrial, en 1975, después a Banco Sur en 1994, en 1997 a Banco Santander hasta que en el 2003 el Banco de Crédito del Perú tomó la posta hasta nuestros días.

PINTURAS. En cada uno de los cuartos se observa lienzos del siglo 18 y al estilo de la escuela cusqueña, podemos apreciar a un niño Jesús hecho de madera, colocado en la primera habitación, tal como fue dejada por cada uno de los propietarios a partir de la adquisición de Artur Howel.

La segunda habitación está adornada con un "borgueño" (mueble antiguo), una especie de joyero de 1790, elaborado en pino blanco. Posee incrustaciones de nácar y fue hecho por la orden de misioneros Jesuitas de Concepción. Una de las pinturas le llamó la atención a Josué, mi compañero de trabajo y preguntó: ¿por qué esa virgen tiene el rostro blanco y las manos morenas? Así también se observa al niño que lleva en brazos. "Esta pintura cusqueña representa al indio y al español, la Virgen María tiene el rostro blanco espigado, europeo, pero las manos morenas, mientras que el niño tiene los pies cafés", nos aclara el guía.

REPARACIONES. Los techos son planos, pero su forma original era abovedada. Sin embargo, después del terremoto en el siglo 18 y su reconstrucción en 1948, solo algunas habitaciones conservan esa estructura.

Pasamos luego a otra habitación, donde hay una "consola del siglo 19", una especie de espejo hecho con mármol italiano.

A cada uno de nuestros pasos el lugar tiene algo nuevo y vamos dejando atrás puertas de sauce bellamente restauradas.

En la tercera habitación se encuentra una mesa republicana junto a sillas francesas aterciopeladas revestidas con cuero de vaca. El comedor es custodiado por dos marionetas, José y María. Al lado está una enorme balanza, "esto es capaz de pesar nuestros pecados" dice Josué.

"Esta es una balanza del siglo 19, aquí se pesaba los productos y se intercambiaban por monedas en este plato (señalando el lado derecho) se ponía monedas que hacían contra peso con este plato (izquierdo) dependiendo del objeto o producto, que tenía que ser muy valioso", contó Álvaro sonriendo y agrega que pese a su gran tamaño, un metro, no se daría abasto para nuestros pecados.

Pisamos una impresionante alfombra de fibra de alpaca que cubre toda la habitación, un verdadero lujo.

MEDALLONES. En la cuarta habitación, unos medallones de la escuela cusqueña, hechos de pan de oro con caritas de santos y ángeles se muestran hermosos con un brillo único, gracias a sus incrustaciones de nácar y de vidrio. El lugar es pequeño pero grandioso por su decoración.

Pasamos entonces por el pasillo que lleva a la huerta, ahí observamos mapas del mudo antiguo y en donde América no es lo que hoy es, Europa y China figuran con formas que no reconocimos.

Pasamos entonces a la huerta. Ahí encontramos a Santa Ana cerca a una fuente Una enorme chomba que data de 1714 es la reina del espacio verde, donde aún plantas de manzana y membrillo persisten en alegrar el lugar. Nos llamó la atención el quinto cuarto.

"Aquí murió Miguel Bernedo Cornejo y Bustamante, un hombre que en el siglo 18 fue autoridad de Arequipa y que después de caer de un caballo se volvió loco. Aquí (señalando el centro de la habitación) había un "cepo", donde fue encadenado y donde falleció debido a su mal mental. Sus familiares pensaron que estaba poseído por el demonio y por eso lo encerraron acá", nos narró Álvaro, como contándonos un secreto.

Veo hacia el patio y sé que el único testigo de toda esa historia fue el tronco de mora, celoso vigilante de la casa.

La sexta habitación es una biblioteca, un lugar donde se exponen libros y compendios de cultura realizados por el Banco de Crédito del Perú y obras nacionales e internacionales compiladas por esta institución. En esta penúltima habitación, curiosa por su forma abovedada, hallamos incas que observan desde las esquinas al centro de la habitación con ojos saltones. Ahí en una caja de vidrio y con mucho recelo se guardan documentos de la Casa del Moral, contratos e historia de sus habitantes.

Pero la última habitación es capaz de robarse el aliento de una persona, tanto por lo que guarda como por su historia.

"Estos son los primeros billetes, otorgados a la población en 1822 durante la independencia circularon durante un año. Por acá vemos billetes de 1864. En esa época eran impresos en Perú y en Estados Unidos para evitar la falsificación de monedas", nos explicó el guía.

El lugar está lleno de monedas y de billetes, cada uno con una historia diferente, pero uno que llamó nuestra atención fue el del Banco de Arequipa que lleva de fondo al Misti y que, según nos contó nuestro guía, circuló en 1879, pues se vivían tiempos de conflicto y cada región poseía su propia moneda. Hay otros con rostros de Incas hasta 1880 y posteriormente de héroes peruanos en 1950, modificaciones que fueron variando en tamaño y en forma desde 1985 hasta los que hoy conocemos. Quedamos verdaderamente maravillados con todo lo que vimos y a punto de concluir nuestra visita, con ganas de volver.

La visita termina con la despedida de nuestro anfitrión, quien nos guío por el mundo mágico de la Casa del Moral; también nos despedimos de un amigo que seguirá siendo testigo fiel de cada uno de los eventos y gentes que lleguen a esta residencia, un tronco seco de mora que recibirá y despedirá a sus visitantes.

Cabe señalar, que esta edificación fue uno de los componentes más importantes en la declaración como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Destacó su construcción y su decoración, puesto que es fácil conocer el estilo de vida de los antiguos habitantes de la ciudad y la innegable fusión entre el arte español y las tradiciones de nuestro legado inca.

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