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En Lima, los muertos no están tan solos ni descansan en paz. La informalidad y el caos de la vertiginosa capital ha llegado hasta el más allá y de los 50 cementerios identificados por la  en Lima Metropolitana y el Callao, solo 18 operan bajo la legalidad. El resto están en la informalidad o peor aún, son casi clandestinos y conviven con los asentamientos humanos bajo su mismo patrón caótico: con sepulturas cubiertas de piedras entre los cerros, el arenal y la basura.

El registro nacional es más escalofriante. De los 2371 cementerios, privados o públicos identificados (municipal, beneficencia y comunal), solo 16 cumplen con las exigencias de la Ley 26298. Es decir, cuentan con licencia de estudio ambiental y registro sanitario.

Fuera de ley. Según la norma, el municipio de la jurisdicción debe exigir esos documentos para otorgar la licencia municipal a los cementerios nuevos y adecuar a los antiguos.

Sin embargo, muchos de los camposantos ediles carecen de ambos documentos, pese a tener más de 40 años de existencia.

“Desde que no tienen autorización, son ilegales: no tienen autorización sanitaria ni estudio ambiental. No solo es ilegal el que está en el cerro”, dijo Elmer Quichiz, de la Dirección de Ecología y Protección del Ambiente (Digesa).

Según la Ley de Cementerios, el estudio ambiental y sanitario permite medir los impactos que puede generar la edificación del camposanto y la napa freática para los entierros. La norma también prohíbe la quema de residuos sólidos y los depósitos de agua en zonas endémicas del dengue. También dispone que la construcción de pabellones en zonas periféricas no exceda de ocho niveles y las áreas verdes en los cementerios tradicionales ocupe el 30% del área.

Sin reglas. Sin embargo, hasta los cementerios formales incumplen la ley. Según , solo cuatro camposantos de la ciudad cuentan con los dos certificados.

El Ángel solo tiene registro sanitario, el Baquíjano (Callao) adolece de los dos. Varios de esos cementerios han empezado a edificar pabellones en las áreas verdes, lo que genera un grave riesgo ante un sismo.

“Ya no hay muchas áreas verdes como antes porque han construido. En Huacho existe un cementerio que ahora parece un laberinto. Han levantado pabellones incluso hacia abajo. En algunas regiones hay pabellones hasta de 12 pisos y sin cercos”, comentó.

Para , los 32 camposantos que operan ilegalmente en Lima Metropolitana y Callao, no es nada comparado con los que no aparecen ni siquiera en registro municipales. Algunas cifras hablan de 25. En un recorrido, Correo identificó cuatro.

Paseo mortal. El cementerio Virgen de Lourdes (Villa María) tiene certificado municipal. Data de 1950 y alberga unos 200 mil muertos.

Pero Correo constató varias infracciones. En los sectores Capilla y Quinceañera de ese lugar, donde el cerro es muy empinado y apenas se puede caminar, hay montículos de basura quemada y varias sepulturas usadas como urinarios. En los pabellones hay nichos debajo del nivel del suelo y los jarrones de agua atraen decenas de mosquitos. El cerco acaba en la zona de San Juanito.

El cementerio clandestino Payet (Independencia) no aparece en ningún catastro, pero ya alberga 150 sepulturas a ras del suelo y cubierta con piedras desde 1997.

El olor atrajo a una jauría de perros que recibe a todo visitante.

El cementerio Payet ha crecido entre el A.H. 23 de Enero, Cahuide y San Lorenzo, a dos metros de las viviendas. Es vía de paso obligado para el mercado “La Cuarta”.

El dirigente Joel Arroyo asegura que ya se prohibieron entierros desde el 2014, pero detectamos tumbas de hace un mes. Mientras, una escolar pasea por la zona.

“A veces los perros sacan los cadáveres porque están encimita, pero yo no tengo miedo”, dice casi en secreto.

“San Lázaro”, en Carabayllo, tampoco está registrado pese a tener 37 años de antigüedad. Alberga un millar de sepulturas y es zona de asaltos.

El camposanto no tiene cerco y ya quitó espacio a los vivos. Unos 40 nichos han invadido el área destinada para parque. Lo peor es que se ha convertido en la guarida de pandilleros.

Ana Dett vive a medio metro del cementerio en el asentamiento humano “El Resplandor” y comenta que los mototaxista no quieren entrar a la zona. Los vecinos esperan el cerco que les prometió el alcalde.

En tanto al pie del cerro, al lado de los pabellones de muertos se aprecia dos nuevas poblaciones.