Tarata, baluarte de peruanidad
Tarata, baluarte de peruanidad

Arrullada entre las sombras del Calvario y del Mocara, donde el sol derrama su benéfica lumbre encantadora existe una ciudad, Tarata se llama. Estas son las primeras letras del poema compuesto por la que en vida fue la distinguida dama y profesora tarateña Isidora Copaja Valdivia, a quien tuve el honor de conocer y comprobar de cerca el acendrado amor que tenía por la niñez y por la tierra que la vio nacer.

Tarata, al igual que Tacna, estuvo cautiva durante 42 años que se iniciaron en 1884 cuando una división chilena ocupara oficialmente los distritos de Estique, Tarucachi y Tarata iniciándose la larga noche del cautiverio en la que jamás sus habitantes renunciaron a su patria y nunca dejaron de venerar el sagrado emblema nacional que era solemnemente custodiado por las mujeres, los hombre y niños en cada hogar tarateño.

Hasta antes de la época republicana, Tarata no tenía un documento legal que acredite su existencia política en el país, fue recién después de la Independencia que el Libertador Simón Bolívar, al considerar que este pueblo tenía un gradual nivel de progreso, y consciente de que había prestado servicios a la causa libertadora, durante las acciones del Primer Grito de Libertad dado en Tacna por Francisco Antonio de Zela, en el año 1824, por Decreto Directoral, lo incluye política y geográficamente, dándole la categoría de distrito, y por Ley del 12 de noviembre de 1874, durante el gobierno del presidente Manuel Pardo, se le eleva a la categoría de provincia, teniéndole reservado el destino a sus habitantes ser protagonistas de las sublimes pruebas de fidelidad a la Patria durante los aciagos años que permaneció cautiva.

Los 42 años de cautiverio que sufrió estuvieron llenos de sacrificio por parte de sus pobladores, los que siempre hicieron flamear la enseña roja y blanca para demostrar su espíritu de lealtad al Perú, aunque esto les significara perder la propia vida.

Este indomable pueblo ha querido honrar la memoria de sus mártires colocando sus nombres en la placa ubicada en la Plaza de Armas donde se lee la siguiente leyenda: TARATEÑOS DECID AL PERÚ CÓMO MURIERON TUS HIJOS POR RESCATAR TARATA. LA PATRIA A LOS INMOLADOS DURANTE EL CAUTIVERIO: Máximo Ticona, Juan Sánchez, Silvestre López, Pascual, Pablo, Alejandra, Donato y Serafín Mamani, Josefa Flores, Manuel Gonzales, Eusebio Torres, Rufino Casca, Santos Marín, Fermín Cohaila y Manuel Primero Franco que con justicia fue denominado como el Mártir de la redención de Tarata, fue un agricultor que nació en 1874. Desde que tuvo uso de razón fue testigo presencial del brutal cautiverio que le tocó vivir a su amada tierra. Su ejemplo de entrega y fidelidad al Perú es recordado cada 29 de abril con la romería hacia el lugar donde fue sacrificado. La institución educativa que lleva su nombre es la encargada de mantener esta tradición de honrar a Manuel Primero Franco y a todos los mártires tarateños.

Un 1 de Setiembre de 1925, cuatro años antes de la reincorporación de Tacna, Tarata vuelve al Perú. Según refieren las crónicas, ese día "en la espaciosa plaza de la Villa de Tarata se ha congregado una enorme multitud. Hombres, mujeres y niños. Todos están ávidos de presenciar el trascedente acto de retorno al Perú, luego de esos años de cautiverio. Al centro de la Plaza, se ha levantado un asta de grueso y recto eucalipto. Al pie del asta una mesa y sobre ella una bandera roja y blanca con escudo bordado, de fino raso que fue obsequiada por el Comité Patriótico de Damas de Lima. Luego del programa protocolar y ante la presencia del representante de los Estados Unidos se proceda a la entrega de Tarata a la heredad nacional".

La gran Bandera de raso blanco y rojo, con sus pliegues se mece suavemente agitada por los vientos andinos. La multitud enfervorizada, lanza gritos de viva el Perú, viva la Patria, gritos que repercuten de quebrada en quebrada, de cumbre en cumbre. Los viejos gigantes, los apus sagrados como el Tacora, Yucamani y Tutupaca con sus cimas blancas se estremecen de alborozo en ese instante que un pueblo heroico renace a la libertad y retorna al hogar patrio.

Tarata, bello lugar de un paisaje encantador que nos muestra la grandeza de Dios y de la naturaleza por haberla dotado de parajes que cautivan a propios y extraños y que al verlos quedan grabados para siempre en la mente y el corazón. Sus andenes de tipo incaico es lo primero que llama la atención al ir acercándonos a la ciudad que siempre supo recibirnos con el más grande afecto y cariño. Doy testimonio de ello por cuanto cada año al hacerme presente para rendir homenaje a esta heroica tierra, las tarateñas y tarateños manifestaban todo su afecto y hospitalidad a los visitantes con innumerables muestras de amistad y sentimiento patriótico.

De vuelta al regazo patrio, desde 1925 hasta hoy, han transcurrido 88 años que gracias a la pujanza de sus habitantes, hace que Tarata sea un referente de unidad y peruanidad junto a Tacna y sus pueblos. Sin embargo, es oportuno demandar a las instituciones y autoridades que rigen su destino, nacionales, regionales y locales, hacer realidad las anheladas obras y proyectos que aún no se ejecutan como la importante carretera Tarata-Candarave que conectará a toda la región con la binacional y la interoceánica. También hay que aprovechar el potencial de turismo vivencial que ofrece Tarata y sus distritos para captar recursos que permitan mejorar los servicios públicos que demanda la creciente presencia de turistas nacionales y extranjeros.

No podría concluir este artículo sin reiterar antes mi admiración al hidalgo pueblo tarateño y a las generaciones de ayer, de hoy y las que vendrán, por su demostrado amor y lealtad al Perú. "Es Tarata, el baluarte bendito que la patria ya la consagró, prometamos hacerla más fuerte con trabajo, estudio y tesón." Loor a Tarata heroica.

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