Mientras cientos de trabajadores matarifes mostraron su preocupación por la decisión del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) de cerrar el camal municipal, 19 familias celebraban. Se trata de algunos moradores de los pueblos jóvenes "La Esperanza Baja" y "Pensacola", a quienes la presencia de este matadero les ha traído más de un "dolor de cabeza".
Al llegar por la manzana A de la avenida Bolognesi los fuertes olores y las moscas dan la bienvenida. Quizá por eso una de las moradoras de esta zona, Matilde Oliva Ascate, haya presentado un sin número de documentos ante la municipalidad provincial para que el camal sea reubicado a otra zona.
"La última vez el alcalde se comprometió a atender nuestro pedido, pero vino y los matarifes le hicieron un almuerzo y al parecer lo convencieron", contó.
DAÑOS. A parte de poner en riesgo su salud, algunos moradores también se han visto perjudicados económicamente. Ese es el caso de Patricia Contreras, cuya vivienda se ubica al frente de la cochera del camal. Uno de los camiones destrozó parte de su vivienda.
"Gasté 500 soles y nadie me los devolvió nada por más que reclamé", cuestionó.
PELIGRO. La presencia de ratas y mosquitos ha puesto en alerta a los vecinos. Según señalan incluso se han presentando casos de niños con hongos en la piel.
MEDIDAS. Anunciaron que presentarán una denuncia penal en contra de la comuna provincial.
"También vamos a pedir la intervención de la Policía Ecológica y Digesa", indicaron.
DATO
Dentro de las 21 observaciones hechas al camal municipal por el Senasa, una de ella estaba referida a la ubicación de este matadero. Para esta institución era incorrecta.

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