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Un accidente cerebrovascular (ACV) ocurre cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro, ya sea por la obstrucción de una arteria o por la ruptura de un vaso sanguíneo.
Se trata de una emergencia médica. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que en 2021 el ACV fue la tercera causa mundial de muerte y discapacidad combinadas, con 11,9 millones de nuevos casos registrados ese año.
Reconocer rápidamente los síntomas puede permitir que el paciente llegue antes a un centro especializado y acceda a tratamientos destinados a limitar el daño cerebral.
“El tiempo es cerebro cuando se trata del tratamiento del ACV”, señala Josephine Huang, neuróloga de Mayo Clinic en Florida, en información difundida por la institución.
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Las señales del ACV suelen aparecer de forma súbita
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la caída de un lado de la cara, debilidad o adormecimiento de un brazo o una pierna, dificultad para hablar o comprender, pérdida de equilibrio y alteraciones repentinas de la visión.
La American Stroke Association utiliza la estrategia BE-FAST para recordar las principales señales de alerta.
- B — Balance: pérdida súbita del equilibrio, coordinación o dificultad para caminar.
- E — Eyes (ojos): visión borrosa, doble o pérdida repentina de visión.
- F — Face (rostro): caída, asimetría o entumecimiento de un lado de la cara.
- A — Arm (brazo): debilidad o pérdida de sensibilidad repentina, especialmente en un lado.
- S — Speech (habla): dificultad para hablar, comprender o pronunciar correctamente.
- T — Time (tiempo): solicitar atención médica de emergencia inmediatamente.
El Ministerio de Salud (Minsa) también identifica como señales de alarma la parálisis súbita de un lado del cuerpo, las alteraciones del habla, la dificultad para caminar, la pérdida de visión y el dolor de cabeza repentino.
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¿Qué hacer si aparecen estos síntomas?
No debe esperarse a comprobar si la persona mejora.
Si los síntomas aparecen repentinamente, el paciente necesita una evaluación de emergencia incluso si después desaparecen por completo.
Mayo Clinic advierte que episodios transitorios pueden corresponder a un ataque isquémico transitorio (AIT) y que, aunque duren pocos minutos u horas, aumentan el riesgo de presentar posteriormente un ACV.
En Perú, el Minsa recomienda solicitar asistencia mediante la línea gratuita 106 del Servicio de Atención Móvil de Urgencia (SAMU) ante problemas neurológicos como un accidente cerebrovascular.
También resulta útil anotar la hora aproximada en la que comenzaron los síntomas o la última vez que la persona fue vista sin ellos, pues esa información puede influir en las decisiones médicas.
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Por qué cada minuto importa en un ACV
El tratamiento depende de si el accidente cerebrovascular es isquémico, causado por una obstrucción, o hemorrágico, provocado por una hemorragia cerebral.
Por esa razón, el diagnóstico requiere estudios de imagen como una tomografía o resonancia para determinar el tipo de ACV antes de iniciar tratamientos específicos.
En algunos ACV isquémicos, determinados pacientes pueden recibir medicamentos intravenosos capaces de disolver el coágulo. Mayo Clinic señala que estos tratamientos deben administrarse lo antes posible y, en pacientes seleccionados, pueden utilizarse dentro de las primeras 4,5 horas desde el inicio de los síntomas.
Otros pacientes pueden beneficiarse de una trombectomía endovascular, procedimiento mediante el cual especialistas introducen dispositivos por un vaso sanguíneo para retirar el coágulo que bloquea una arteria cerebral.
“Los médicos introducen una guía a través de un vaso sanguíneo para extraer el coágulo y restablecer el flujo sanguíneo al cerebro”, explica Huang.
El tratamiento es diferente en un ACV hemorrágico
Cuando el ACV se produce por la ruptura de un vaso sanguíneo, el tratamiento busca controlar la hemorragia y prevenir que aumente la presión sobre el cerebro.
Puede incluir control de la presión arterial, reversión de medicamentos anticoagulantes cuando corresponde y, en algunos pacientes, intervenciones quirúrgicas.
Por ello, no es recomendable intentar tratar un supuesto ACV en casa ni administrar medicamentos por cuenta propia.
La prioridad es solicitar atención médica de emergencia y trasladar al paciente a un establecimiento capaz de realizar evaluación neurológica e imágenes cerebrales.
Hipertensión, tabaquismo y diabetes aumentan el riesgo
La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo modificables para presentar un ACV.
La OMS señala también al tabaquismo, colesterol LDL elevado, diabetes, exceso de peso, inactividad física, dietas con exceso de sodio, consumo nocivo de alcohol y contaminación atmosférica entre los factores que explican buena parte de la carga mundial de esta enfermedad.
La fibrilación auricular y otras enfermedades cardiovasculares también pueden elevar el riesgo.
Mayo Clinic señala que cerca del 90% de los ACV podrían prevenirse mediante el control adecuado de factores de riesgo y hábitos saludables. El Minsa utiliza una estimación similar en su información pública sobre prevención. La cifra debe entenderse como una estimación poblacional y no como una garantía de prevención para cada persona.
Cómo reducir el riesgo de sufrir un ACV
La OMS recomienda controlar adecuadamente la presión arterial, evitar el tabaco, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física regular y tratar condiciones como diabetes, colesterol elevado y fibrilación auricular.
El organismo aconseja realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada, además de reducir el consumo de sal y limitar el alcohol.
Los controles médicos periódicos permiten además detectar factores de riesgo que muchas veces no producen síntomas, particularmente la hipertensión arterial.
“Identificar estos factores de riesgo y asegurarse de que se traten adecuadamente contribuye en gran medida a prevenir que se produzca un ACV”, señala Huang.
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