En la adolescencia, sentirse acompañado no necesariamente significa estar rodeado de muchas personas. También puede expresarse en la posibilidad de hablar sobre una preocupación, sentirse escuchado sin ser juzgado o saber que existe alguien a quien recurrir cuando surge una dificultad.
En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre, especialistas destacan la importancia de fortalecer los vínculos cotidianos y las redes de apoyo de niños y adolescentes, sin perder de vista que estas no sustituyen la atención profesional cuando existe un problema de salud mental.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años presenta algún trastorno mental. El organismo considera además que esta etapa es determinante para desarrollar capacidades sociales y emocionales y destaca la importancia de contar con entornos favorables y protectores en la familia, la escuela y la comunidad.
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Sentirse parte de un grupo durante la adolescencia
Freddy Chávez, director de Prevención Escolar de Innova Schools, sostiene que durante esta etapa resulta importante que los adolescentes perciban que su presencia tiene valor para otras personas y que cuentan con espacios en los que pueden expresarse.
“Construir ese entorno es una tarea que empieza mucho antes de que se presente alguna situación de crisis. Se trata de generar relaciones en las que el adolescente sepa que puede hablar, ser escuchado y recurrir a alguien cuando lo necesite”, señala Chávez.
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El psicólogo educativo Roberto Flores explica, por su parte, que la búsqueda de pertenencia adquiere especial relevancia durante la adolescencia, una etapa en la que los jóvenes avanzan progresivamente hacia una mayor autonomía y fortalecen sus relaciones con sus pares.
“Pertenecer a un grupo, tener un rol dentro de él y sentirse reconocido por los demás puede convertirse en una experiencia realmente significativa”, indica Flores.
La OMS señala que la calidad de la vida familiar y las relaciones con los compañeros forman parte de los factores que influyen en la salud mental durante esta etapa. También identifica el aislamiento, la violencia, el acoso escolar y una crianza excesivamente severa entre los factores que pueden elevar el riesgo de problemas de salud mental.
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Familia y autonomía: acompañar sin invadir
A medida que los adolescentes desarrollan mayor independencia, los especialistas recomiendan mantener una presencia cercana sin convertir cada decisión en un espacio de control.
“Los padres deben reconocer que sus hijos tienen una vida propia y aprender a equilibrar autonomía y orientación”, señala Chávez.
Según el especialista, la función de los adultos consiste en aportar perspectivas que ayuden al adolescente a desarrollar criterios y tomar decisiones. Sin embargo, cuando existe una situación que pueda comprometer su seguridad, corresponde intervenir y buscar apoyo.
La OMS considera que padres y cuidadores cumplen un papel importante al proporcionar ambientes seguros y de apoyo. Al mismo tiempo, los adolescentes necesitan oportunidades para desarrollar habilidades, autonomía y acceso a servicios de salud adecuados para su edad.
Escuchar antes de responder
Uno de los aspectos que pueden influir en la confianza es la forma en que los adultos reaccionan cuando un adolescente intenta contar lo que está viviendo.
Chávez advierte que, en ocasiones, los jóvenes abren pequeños espacios para expresar una preocupación y una reacción inmediata basada en la crítica, el juicio o un sermón puede dificultar futuras conversaciones.
“Escuchar activamente, preguntar qué necesita el adolescente y evitar convertir cada conversación en un sermón ayuda a preservar la confianza. La clave está en acompañar en el día a día y no esperar exclusivamente a que aparezca un problema para conversar”, explica.
Escuchar no implica aceptar necesariamente todas las decisiones ni tener una respuesta inmediata. Puede significar permitir que el adolescente explique primero qué ocurrió, cómo se siente y qué tipo de apoyo necesita.
La escuela también forma parte de la red de apoyo
La familia no es el único entorno relevante. Docentes, tutores, psicólogos escolares, entrenadores y otros adultos de confianza pueden ampliar la red disponible para un adolescente.
Flores destaca que los profesionales de una institución educativa observan dinámicas de convivencia y relaciones entre pares a las que los padres no siempre tienen acceso.
“Una comunicación constante entre familia y escuela permite complementar esas miradas y acompañar mejor al adolescente”, señala.
La OMS reconoce que las escuelas pueden contribuir al bienestar mediante el desarrollo de habilidades, la creación de ambientes seguros y la identificación de señales que requieran orientación o derivación hacia servicios especializados.
Los vínculos ayudan, pero no reemplazan la atención profesional
Contar con amistades, familiares o adultos de confianza puede constituir un factor de protección y facilitar que un adolescente pida ayuda. Sin embargo, los problemas de salud mental responden a múltiples factores y no pueden atribuirse ni resolverse únicamente mediante la calidad de los vínculos personales.
La OMS advierte que ningún factor individual permite predecir por sí solo un resultado de salud mental. La combinación de circunstancias personales, familiares, sociales y ambientales influye de manera diferente en cada persona.
Cuando existen cambios intensos o persistentes en el estado de ánimo, aislamiento marcado, dificultades importantes para realizar actividades habituales, autolesiones, expresiones de desesperanza o pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio, se debe buscar ayuda profesional.
En Perú, el Ministerio de Salud (Minsa) brinda orientación y apoyo psicológico gratuito mediante la Línea 113, opción 5, disponible las 24 horas del día. El servicio también atiende situaciones relacionadas con depresión, ansiedad, estrés, problemas de conducta y bullying.





