El cuidado de la salud mental de niños y adolescentes requiere prestar atención a cambios de comportamiento que pueden pasar inadvertidos dentro del hogar.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el suicidio fue la tercera causa de muerte entre personas de 15 a 29 años a nivel mundial en 2021. Cada año, más de 720.000 personas mueren por esta causa en el mundo.
En Perú, el Ministerio de Salud (Minsa) registró durante 2024 un total de 6.910 casos de envenenamiento o lesiones autoinfligidas intencionales. El 35,9% correspondió a adolescentes de 12 a 17 años.
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¿Qué señales de alerta deben observar los padres?
José Chávez, psicólogo de Sanitas Consultorios Médicos, explica que niños y adolescentes no siempre verbalizan de forma explícita que están atravesando dificultades emocionales.
Por ello, recomienda prestar especial atención cuando aparecen varias modificaciones de conducta simultáneamente o cuando estas representan un cambio importante respecto del comportamiento habitual.
Estas son siete señales que pueden requerir atención:
- Aislamiento y cambios drásticos de conducta. Permanecer durante largos periodos encerrado en la habitación, abandonar actividades que antes disfrutaba o alejarse repentinamente de amistades.
- Alteraciones del sueño, apetito o estado físico. Insomnio, pesadillas frecuentes, somnolencia excesiva, fatiga, dolores recurrentes sin una explicación clara o cambios marcados en el apetito y el peso.
- Irritabilidad o cambios de ánimo. Enfados desproporcionados, frustración frecuente, llanto recurrente o cambios emocionales claramente distintos al comportamiento habitual.
- Conductas de riesgo. Participar repetidamente en peleas, exponerse innecesariamente a situaciones peligrosas o iniciar de forma repentina el consumo de alcohol u otras sustancias.
- Caída del rendimiento escolar o cambios en el autocuidado. Una disminución abrupta de las calificaciones, descuido de la higiene o intentos persistentes por ocultar lesiones físicas deben ser observados.
- Expresiones de desesperanza. Comentarios relacionados con no querer despertar, sentirse una carga o creer que nada tiene sentido requieren ser tomados con seriedad, especialmente si se acompañan de despedidas inusuales o entrega de pertenencias importantes.
- Cambios preocupantes en redes sociales. Publicaciones recurrentes relacionadas con desesperanza, muerte o autolesión también pueden ser señales que ameriten una conversación y evaluación.
El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) incluye entre las señales de advertencia el aislamiento, hablar de desesperanza o de sentirse una carga, cambios extremos de ánimo y regalar objetos importantes.
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¿Cómo hablar con un hijo si algo preocupa?
Ante cambios preocupantes, Chávez recomienda buscar un momento tranquilo y evitar iniciar la conversación desde el castigo, el reproche o la confrontación.
“Es recomendable manifestar la preocupación de forma directa y concreta, señalando observaciones puntuales como ‘noto que últimamente pasas más tiempo en tu cuarto’. Se debe mantener una escucha activa y genuina”, explica.
En lugar de invalidar lo que el adolescente expresa, el especialista aconseja reconocer su malestar y tratar de comprender qué está atravesando.
Frases como “veo que la estás pasando mal y quiero comprenderte” pueden abrir un espacio para que el menor hable sin sentirse juzgado.
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¿Preguntar directamente sobre autolesiones aumenta el riesgo?
Si existen señales preocupantes, los padres pueden preguntar directamente si el adolescente ha pensado en hacerse daño.
Existe el temor de que mencionar el suicidio pueda “poner la idea” en la mente de una persona, pero la evidencia no respalda esa creencia.
El NIMH señala que preguntar directamente sobre pensamientos suicidas no provoca ni aumenta esos pensamientos y puede ayudar a identificar a una persona que necesita apoyo.
La conversación debe realizarse con calma, sin juzgar y permitiendo que el adolescente explique cómo se siente.
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¿Cuándo se debe buscar ayuda profesional?
Chávez recomienda solicitar una evaluación de psicología o psiquiatría infantil cuando los cambios emocionales o conductuales persisten durante más de dos semanas, interfieren con las actividades cotidianas o no mejoran pese al acompañamiento familiar.
Sin embargo, determinadas situaciones requieren atención inmediata.
Entre ellas se encuentran la manifestación de una intención concreta de suicidio, la presencia de una despedida asociada con esa intención, autolesiones graves o episodios de desconexión de la realidad, como alucinaciones, delirios o agitación extrema.
Ante una situación de peligro inmediato, el menor no debe quedarse solo y se debe buscar atención médica de emergencia.
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Línea 113 brinda orientación gratuita en salud mental
El Ministerio de Salud cuenta con la Línea 113, opción 5, que brinda orientación en salud mental, incluidos casos de depresión, ansiedad, estrés, problemas de conducta y conducta suicida. El servicio puede utilizarse sin proporcionar datos personales si el usuario prefiere mantener el anonimato.
El Minsa informó que en 2025 la Línea 113 realizó 61.440 orientaciones en salud mental, entre ellas 3.055 relacionadas con conducta suicida.
Además, desde julio de 2026 el ministerio mantiene una alianza con Google para que determinadas búsquedas relacionadas con crisis suicida prioricen información de contacto con la Línea 113, opción 5.
El acompañamiento empieza en casa
La prevención también se construye mediante hábitos cotidianos. Chávez recomienda establecer reglas claras pero flexibles, favorecer progresivamente la autonomía y enseñar a niños y adolescentes a reconocer y gestionar emociones difíciles.
La manera en que los adultos regulan sus propias emociones también influye en el entorno que encuentran los menores para expresar aquello que les preocupa.
La OMS destaca que proteger a los adolescentes frente a situaciones adversas, favorecer el aprendizaje socioemocional y garantizar el acceso a servicios de salud mental son elementos fundamentales para su bienestar durante la adolescencia y la adultez.





