La piel cumple funciones esenciales para el organismo: actúa como barrera frente al medio externo, participa en la regulación de la temperatura y ayuda a evitar una pérdida excesiva de agua.
Con el paso de los años se producen cambios naturales en su estructura, entre ellos una reducción de componentes relacionados con la firmeza y elasticidad. A este proceso se suman factores externos como la radiación ultravioleta, el tabaquismo, la contaminación y determinados hábitos de vida.
Laura Chacón-Garbato, máster en Nutrición Médica, esteticista licenciada y miembro del Consejo Consultor de Herbalife, señala que mantener hábitos consistentes puede contribuir al cuidado de la piel a largo plazo.
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1. Proteger la piel del sol todos los días
La exposición acumulada a la radiación ultravioleta es uno de los principales factores relacionados con el fotoenvejecimiento y también aumenta el riesgo de cáncer de piel.
La Academia Americana de Dermatología recomienda utilizar protector solar de amplio espectro, resistente al agua y con FPS 30 o superior, además de complementar la protección con sombra y ropa adecuada.
La fotoprotección debe mantenerse incluso cuando el objetivo principal es prevenir manchas, arrugas y otros signos prematuros de envejecimiento.
2. Consumir suficientes proteínas
La alimentación aporta los aminoácidos necesarios para producir y renovar distintas proteínas presentes en los tejidos.
Una dieta equilibrada que incluya fuentes adecuadas de proteínas contribuye al mantenimiento general del organismo y a los procesos normales de reparación.
Chacón-Garbato recomienda distribuir su consumo durante el día y priorizar fuentes de buena calidad dentro de una alimentación variada.
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3. Priorizar una alimentación variada
No existe un alimento capaz de detener por sí solo el envejecimiento de la piel.
Una dieta que incluya frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos y fuentes de proteínas aporta vitaminas, minerales y otros compuestos necesarios para el funcionamiento normal del organismo.
Nutrientes como las vitaminas A y C, además del zinc y el cobre, participan en distintos procesos celulares, aunque su consumo debe entenderse dentro del conjunto de una dieta balanceada.
4. Mantener una hidratación adecuada
Beber líquidos suficientes favorece el funcionamiento normal del organismo, incluida la piel.
Sin embargo, aumentar el consumo de agua no elimina las arrugas ni reemplaza el uso de productos hidratantes cuando estos son necesarios.
Además del agua, frutas, verduras, sopas y otros alimentos también contribuyen al aporte diario de líquidos.
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5. Cuidar la salud intestinal
La relación entre microbiota intestinal y piel es actualmente objeto de investigación.
Diversos estudios exploran el denominado “eje intestino-piel” y su posible participación en mecanismos inmunológicos e inflamatorios asociados con afecciones como acné, dermatitis atópica y rosácea.
Sin embargo, todavía es un campo en desarrollo y no existe una intervención única sobre la microbiota que permita prevenir o tratar por sí sola estas enfermedades.
6. Dormir lo suficiente
El descanso adecuado forma parte de los hábitos generales que favorecen la salud física y mental.
Dormir mal de manera persistente se ha relacionado con alteraciones en múltiples procesos fisiológicos, mientras que un buen descanso facilita mecanismos normales de recuperación del organismo.
En adultos, mantener horarios regulares y procurar un descanso nocturno suficiente puede integrarse dentro de una estrategia general de autocuidado.
7. Mantener una rutina sencilla de cuidado
Para muchas personas no es necesario utilizar numerosos cosméticos.
Una rutina básica puede incluir limpieza suave, hidratación adecuada al tipo de piel y fotoprotección.
La Academia Americana de Dermatología señala que el protector solar y la crema hidratante están entre las medidas más útiles dentro de una rutina destinada a reducir signos de envejecimiento prematuro.
El uso excesivo de productos, especialmente si contienen ingredientes irritantes, puede generar enrojecimiento o sensibilidad.
8. No tomar suplementos sin evaluar su necesidad
Los suplementos nutricionales no sustituyen una alimentación equilibrada ni la protección solar.
En el caso del colágeno oral, la evidencia científica todavía presenta resultados heterogéneos.
Algunos metaanálisis de ensayos clínicos han encontrado mejoras en hidratación y elasticidad de la piel.
No obstante, un análisis publicado en 2025 observó que los estudios de mayor calidad o sin financiamiento de empresas no encontraron beneficios significativos en hidratación, elasticidad o arrugas.
Por ello, cualquier suplemento debe evaluarse según las necesidades individuales y, cuando corresponda, con orientación de un profesional de salud.
9. Mantenerse físicamente activo
La actividad física regular tiene beneficios demostrados sobre la salud cardiovascular, metabólica, mental y el sueño.
La Organización Mundial de la Salud destaca que mantenerse activo reduce el riesgo de diversas enfermedades crónicas y mejora indicadores de bienestar general.
Aunque existen investigaciones sobre posibles efectos específicos del ejercicio en la estructura de la piel, el beneficio mejor establecido es su aporte a la salud general.
La constancia importa más que las soluciones rápidas
Chacón-Garbato sostiene que el cuidado de la piel debe entenderse como el resultado de hábitos sostenidos y no como una respuesta a productos aislados.
La protección solar, una alimentación equilibrada, el ejercicio, un descanso adecuado y una rutina básica pueden formar parte de una estrategia razonable para preservar la función de la piel.
Ante manchas que cambian de forma o color, lesiones que no cicatrizan, acné persistente, dermatitis u otras alteraciones, lo recomendable es acudir a un dermatólogo para recibir una evaluación individual.





