En el escenario teatral peruano, pocas actrices logran combinar sensibilidad y fuerza escénica como Alejandra Guerra. Actualmente, la actriz forma parte del elenco de ‘La Tribu’, una obra que explora las complejidades de las relaciones familiares y las tensiones sociales de nuestro tiempo.
Diario Correo conversó con ella sobre su experiencia en esta producción, los desafíos de su personaje y su visión del teatro como espacio de reflexión y entretenimiento.
—'La Tribu’ aborda temas muy humanos y colectivos. ¿Qué fue lo que más te atrajo del proyecto cuando leíste el guion por primera vez?
Primero, la llamada de Bruno Ascenso contándome de qué iba un poco la historia y el elenco. Y dije: ‘Wow, ese es un elencazo, ¿no?’ Gente que yo siempre he admirado y con quien nunca había trabajado.
Me atrajo mucho la oportunidad de regresar a la comedia, si bien también tiene toques de drama la obra. Yo había estado haciendo mucho, mucho teatro más de drama y siempre me ha gustado la comedia.
Entonces, me atrajo la historia de una familia, que es algo con lo que se puede relacionar cualquier público. Los conflictos, los prejuicios de la sociedad limeña, la forma de contarlo que hace que la gente se ría y se pueda reír hasta de sí misma.
—Tu personaje atraviesa varias emociones a lo largo de la historia. ¿Cuál ha sido el mayor reto interpretativo al construirlo?
Darle los matices y las contradicciones al personaje, porque podrías hacer una señora que es pasivo-agresiva, que es conservadora y que de alguna manera simplemente es como un poco que cae pesada, evidentemente.
Pero al mismo tiempo Italo Cordano le da ese otro matiz, que es que quiere a su esposo, tiene una excelente relación con su esposo, quiere a sus hijos y tiene un giro enorme hacia el final de la obra donde se da cuenta de que están haciendo todo mal. Se arrepiente y busca enmendar las relaciones con su nuera y con sus hijos.
—¿Hubo alguna escena o momento de la obra que te haya tocado particularmente a nivel personal?
El personaje es muy distinto a mí. Muy, muy, muy distinto. Pero me toca mucho el monólogo que tiene Carlín al final en el que habla sobre lo que significa ser una familia. Que lo que significa ser una familia no solamente son los lazos sanguíneos, sino es sentir que son un grupo humano.
El regresar un poco a lo de la familia, me hizo pensar mucho en mi familia, en la familia de mi mamá, que es una tribu así tal cual, con todas sus diferencias, con todos sus errores, con todos los problemas, con todo. Y eso me tocó mucho.


—Muchas obras actuales buscan generar conversación sobre temas sociales. ¿Sientes que ‘La Tribu’ también busca incomodar o cuestionar al público?
Lo que busca es evidenciar de una manera tan brillante que somos una sociedad conservadora. Somos una sociedad, en una gran mayoría, homofóbica. Habla sobre la relación y cómo se relacionan los padres con este tema. El racismo, que es otro tema, muy presente en nuestra sociedad.
Creo que toca las fibras de los problemas que tenemos, por lo menos diría los limeños, para no hablar de todo el Perú, pero lo hace de una forma que lo hace con humor. Y eso hace que la gente lo pueda digerir.
No se lo están metiendo como una cosa didáctica, como una manera de escuelearlo, sino que están entrando desde el humor. Yo creo que tú puedes decir: ‘¡Ay, así era mi mamá! o ¡Así es mi mamá!’. Eso hace que mucha gente la acepte con todas las cosas que tiene, porque a veces tiene contenidos para nuestra sociedad un poquito fuertes, pero es a través del humor que se logra eso.
—¿Qué significa para ti formar parte de este proyecto dentro del panorama actual del teatro peruano?
Para mí ha sido una suerte enorme poder hacer una obra de gran formato, ya que generalmente he hecho más teatro de cámara, bastante, ¿no? Pero formar parte de un proyecto que además tiene un nivel de visibilidad, que es nuestra tercera temporada, que hemos tenido una película de por medio, que tenemos el nivel de audiencia que tenemos. Esto es llegar a las masas, llegar a la gente.
Es absolutamente especialísimo democratizar el teatro para que lo vean la mayor cantidad de gente posible. Eso ha sido una oportunidad maravillosa.
—En el teatro el vínculo con el público es inmediato. ¿Qué tipo de reacción o reflexión esperas que se lleven los espectadores después de ver la obra?
Creo que de tirarnos abajo un poco nuestros prejuicios, de entender que el amor es el amor, de entender que a veces estamos llenos de ideas antiguas, que ya en muchos lados son como absolutamente irrelevantes. La aceptación de Silvano es el que tiene el arco de la historia. Es quien de alguna manera decide con todo lo que le cuesta romper con sus propios prejuicios y abrirse a lo más importante que es la familia. Creo que es algo que el público se lleva, porque el público se ríe a morir, pero también se emociona y muchos lloran y se conectan.
—Después de esta temporada de ‘La Tribu’, ¿qué proyectos vienen para ti en el corto plazo?
Estoy haciendo una obra con un director argentino que viene de Argentina, que la presentó allá en cartelera en Buenos Aires, que se llama ‘El Río En Mí’. Y es una obra que vamos a hacer en el Británico y él viene directamente a dirigirla tres semanas.





