César Vallejo es, posiblemente, el poeta que más ha discrepado con Dios en la literatura hispana. Para él, Dios no es una entidad lejana y perfecta, sino alguien a quien interpela, cuestiona y, a veces, hasta compadece. En Semana Santa, va nuestra reflexión literaria.
Dios en versos
En la poesía de Vallejo identificamos a un Dios que sufre (o que es responsable del dolor). Citaremos algunos de los versos más emblemáticos donde menciona o se dirige a la divinidad, organizados por su sentimiento hacia ella. En su obra “Los heraldos negros”, Vallejo presenta una de las sentencias más famosas respecto a un Dios que parece ser la causa del azar trágico humano: “Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, / la resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma... ¡Yo no sé!”. Otro ejemplo es el poema “Espergesia”: “Yo nací un día / que Dios estuvo enfermo, / grave”.
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Buscando la igualdad
Vallejo a veces trata a Dios de “tú a tú”, reclamándole por la condición humana y la fragilidad de la existencia. En los “Los dados eternos”, de pronto el poema más directo. Vallejo le dice a Dios que él también morirá y que no siente el dolor humano porque no es hombre: “Tú no tienes Marías que se van” /. “Dios mío, si tú hubieras sido hombre, / hoy supieras ser Dios; / pero tú, que estuviste siempre bien, / no sientes nada de tu creación”. Otro verso contundente: “Dios mío, y esta noche sorda, oscura, / ya no podrás jugar, porque la Tierra / es un dado roído y ya redondo / a fuerza de rodar a la aventura”. En otros momentos, el poeta siente que Dios simplemente se ha ausentado o que el hombre ha quedado huérfano de su protección. Revisemos “La cena miserable”: “Y hasta cuándo este valle de lágrimas, a donde / yo nunca dije que me trajeran”. (Aquí, como es evidente, y aunque no lo nombre directamente en cada línea, todo el poema es una queja ante la mesa vacía que Dios ha dejado).
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Trilce y la dialéctica
El poema XXIV de “Trilce” es una de las piezas más complejas y fascinantes de César Vallejo. En él, la relación con Dios no se presenta como una oración devota, sino como una tensión dialéctica entre lo infinito (lo divino) y lo finito (el hombre y la materia). Aquí tienes un análisis centrado en esa conexión espiritual y existencial. En cuanto al escenario: la imperfección de la creación, el poema comienza situándonos en un mundo de objetos cotidianos y desgastados. En “Trilce” rompiendo esquemas plasma el protagonismo que lo lleva el erotismo necrofílico de un Dios que fecunda a la muerte en el poema XIII (Pienso en tu sexo, surco más prolífico / y armonioso que el vientre de la Sombra, / aunque la Muerte concibe y pare / de Dios mismo).
Dios en Trilce
A veces, Vallejo describe un Dios conmovido en el poema XXXI (Y Dios sobresaltado nos oprime / el pulso, grave, mudo, / y como padre a su pequeña, / apenas, pero apenas, entreabre los sangrientos algodones / y entre sus dedos toma a la esperanza. / Señor, lo quiero yo... / Y basta!). Y en modo exclamativo en el poema XLII (Me siento mejor. Sin fiebre, y ferviente. / Primavera. Perú. Abro los ojos. / Ave! No salgas. Dios, como si sospechase / algún flujo sin reflujo ay). Otro ejemplo es el poema XLVII, en el cual todo indica la impotencia o indecisión de un Dios que podía, pero no lo hizo; que no decidió sobre oficios‚ predestinados en una figura ambigua. Leamos: “Se va el altar, el cirio para / que no le pasase nada a mi madre, / y por mí que sería con los años, si Dios / quería, Obispo, Papa, Santo, o talvez / sólo un columnario dolor de cabeza”.
Vallejo establece una frontera: nosotros estamos en el suelo, mientras lo divino es lo que está “más allá”. Siendo Dios como “El Único”, Vallejo utiliza términos que aluden a una unidad absoluta. Para él, Dios es el punto donde las contradicciones se resuelven, algo que el ser humano, atrapado en su dualidad (cuerpo/alma, vida/muerte), no puede alcanzar.
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La orfandad
A diferencia de “Los heraldos negros”, donde el reclamo a Dios es colérico, en el poema XXIV de “Trilce” hay una sensación de resignación metafísica. El “Cáliz” de la existencia: Vallejo utiliza imágenes eucarísticas (el pan, el vino, el cáliz) no para celebrar la comunión, sino para subrayar la sed del hombre. Dios es quien posee la fuente, pero el hombre es quien tiene la sed. La soledad divina: Vallejo llega a sugerir que Dios también está solo en su perfección. Al ser “Todo”, Dios no tiene a nadie más, lo cual lo vuelve una figura tan trágica como el hombre mismo.
La ruptura lógica
El estilo de Trilce (palabras inventadas, sintaxis rota) es en sí mismo una relación con Dios. Vallejo siente que el lenguaje humano es insuficiente para nombrar lo divino o el dolor infinito. Por eso: rompe la gramática para “asaltar” el cielo. Si Dios es lo inefable, Vallejo crea un lenguaje nuevo para estar a su altura. Para Vallejo, la palabra “Dios” no siempre es un acto de fe religiosa tradicional, sino una forma de nombrar al “Destino” o al vacío que siente el ser humano ante el sufrimiento. Vallejo usó el lenguaje bíblico. Es la utilización de esos mismos símbolos para humanizar lo sagrado. Para él, el mayor pecado no es desobedecer a Dios, sino la indiferencia ante el hambre del prójimo.
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César Vallejo y el Dios más humano que divino
Vallejo a veces trata a Dios de “tú a tú”, reclamándole por la condición humana y la fragilidad de la existencia.