En “Qué quedará de nosotros” , novela que presentó en la FIL Lima 2026, Eduardo Sacheri, reflexiona sobre el papel de la literatura y la historia como puentes necesarios para conectar las experiencias de distintas generaciones y fomentar la memoria. Con la Guerra de las Malvinas como escenario, y tres jóvenes, Carlos, Antonio y el “Conejo”, como protagonistas, el escritor argentino busca romper con la visión maniquea que divide estrictamente a los participantes en héroes, villanos o víctimas, explorando en su lugar los matices humanos y la complejidad del conflicto.
“Uno de mis mayores intereses al escribir la novela era plantear esa diversidad, alejándome de la lectura maniquea que predominó en Argentina durante mucho tiempo. Tras años de un silencio inicial después de 1982, se generalizó una narrativa donde los soldados conscriptos eran vistos como “héroes-víctimas” (categorías casi intercambiables) y los profesionales como villanos”, dice Sacheri.
¿Cuál fue la realidad? Al profundizar, encontré matices: hubo oficiales maltratadores e incapaces, pero también buenos jefes. Del mismo modo, hubo soldados que no pudieron salir de su rol de víctimas y otros que se sobrepusieron y fueron enemigos temibles. Todo en el contexto de una guerra imposible de ganar y de un esfuerzo heroico pese a la falta de apoyo.
¿Siempre consideraste que la guerra de las Malvinas merecía otro libro? ¿Cómo se complementa “Qué quedará con nosotros” con tu anterior novela “Demasiado lejos”?
Originalmente, mi idea era contar la ‘guerra de lejos’, la de los que vivíamos en Buenos Aires. Yo tenía 14 años en ese entonces y, aunque la guerra nos tomó por completo y no pensábamos en otra cosa, al mismo tiempo no entendíamos nada; fue una guerra malinterpretada trágicamente. Pero también quería que estuviese la ’guerra de verdad’: la del frío, el hambre, las balas y la muerte. Al empezar a escribir, sentí que ambas visiones no cabían en una misma novela, por lo que tomé la decisión posterior de dividirlas en dos novelas complementarias.
¿Cómo logras que confluyan el historiador y el novelista para crear un marco equilibrado en la ficción?
En la construcción de estas novelas, el Sacheri historiador es el primero en ponerse a trabajar, su función es generar un escenario lo más sólido y real posible, investigando movimientos de tropas, logística y geografía, para evitar que los hechos se difuminen tras el silencio de la posguerra o se conviertan en leyendas. Sobre ese fondo histórico verosímil y real, el Sacheri novelista planta a sus personajes de ficción. El objetivo es que la novela sea el drama humano de unas pocas personas, pero que el telón sobre el que actúan sea de verdad para cualquier veterano de guerra.

La amistad, ese sentimiento tan noble es parte fundamental en la vida de tus protagonistas y en todas las circunstancias de la novela. ¿Qué tan importante es para ti la amistad?
Yo creo que cuando escribimos, nuestra propia visión del mundo se contagia a lo que ponemos en el papel. En mi visión personal, tener amigos es sumamente importante porque la vida es algo muy difícil de llevar adelante en cualquier circunstancia, y mucho más en una situación límite como la de una guerra.
En una guerra la amistad se pone a prueba a cada instante.
Al realizar la reconstrucción histórica y escuchar los testimonios de los soldados, noté que ellos mencionan constantemente a sus amigos como su principal sostén. En el momento más atroz de la guerra, cuando surgen los ingleses o se escucha el pedregullo bajo sus botas en la noche, el sentimiento es: “si tus amigos pelean, vos tenés que pelear”. No se siente como un mandato de un general o una deuda con el país, sino como algo que se le debe a esos veinte tipos con los que has compartido la trinchera por meses. Para mí, la amistad es el sedimento que genera buena parte de lo que le sucede a un ser humano en situaciones críticas.
Tenías 14 años cuando estalló la guerra, que ahora cuentas en la novela. A veces los adultos descalifican a los jóvenes diciendo que no han vivido ciertos hechos o que su memoria no está completa.
Cuando nosotros éramos jóvenes, seguramente nuestros mayores también nos veían como ignorantes de ciertas experiencias que debíamos tener incorporadas. Uno no puede pretender que los jóvenes comprendan cabalmente nuestro mundo porque habitan otro, y ellos mismos tendrán que ver en el futuro qué logran transmitir a la generación que los sobreviva. En este sentido, defiendo la historia y la literatura como herramientas fundamentales; ambas son puentes que permiten conectar horizontes de vida y mundos que, en principio, son muy distintos.
Tus novelas se han llevado al cine, como “La pregunta de sus ojos” (“El secreto de sus ojos”). ¿Hay conversaciones para adaptar al cine algunas de tus dos novelas sobre las Malvinas?
Me gustaría muchísimo porque hay poco cine de ficción sobre Malvinas o sobre nuestras guerras del siglo XX en Sudamérica. Me parece una oportunidad estupenda para que las sociedades sudamericanas muestren tragedias que están a la altura de cualquier gran tragedia mundial, pero hasta ahora no he tenido conversaciones al respecto y lo lamento





