"Si la gente asumiera sus culpas, las cosas irían mejor"

Entrevista con Sergio Galarza, escritor peruano
"Si la gente asumiera sus culpas, las cosas irían mejor"

"Si la gente asumiera sus culpas, las cosas irían mejor"

30 de Mayo del 2018 - 16:45

En su última novela confesional titulada "Algún día este país será mío" (Alfaguara, 2018), Sergio Galarza nos relata la historia de un escritor que exorciza sus complejos y sus rencores y reflexiona sobre las conductas “aberrantes” que cometió junto con uno de sus examigos del colegio hasta su juventud.

“También es la historia de este país, de la imposibilidad de una reconciliación. También es un reflexión sobre por qué no podemos llegar a un acuerdo”, apunta el escritor peruano, quien actualmente radica en España.

¿Qué te impulsó a contar tus “miserias”, como llamas a ese pasado oscuro que viviste? La gente suele pensar que la amistad es algo inalterable, pero esta suele forjarse en la infancia y esas son experiencias únicas, que pueden ser buenas o traumáticas. En el caso del libro, lo que rompe la amistad de dos amigos son las diferencias ideológicas. Uno es de izquierda y el otro de derecha. Hay algunos políticos que han pedido la reconciliación, que ya es momento de dejar las cosas atrás, pero parte de la reconciliación es reconocer los errores y a partir de ahí se puede ir forjando un perdón, mas no un olvido, porque hay hechos que tú no puedes borrar de la historia.

¿Qué es lo que más te ha costado perder en tus años de juventud? Mi propia juventud, porque casi todas mis experiencias están maleadas por algún vicio, o por el machismo o el clasismo. Aun después de dejar el colegio, han habido cosas que han persistido porque eran parte de mi estructura. Quizás las mías se pueden contar porque había riesgo, noches infinitas, pero como cuento en la novela, lo que yo buscaba era un amigo, un confesor, una persona en la cual poder confiar. Aristóteles habla de tres tipos de amistad: una que es por conveniencia, otra por placer y la amistad por la virtud. En mi caso nunca se desarrolla esta última, que es la amistad de verdad.

En la novela le haces un guiño a la política, al terrorismo, al acoso. ¿Te es inevitable abordar estos asuntos? El acoso es una de esas conductas que durante mucho tiempo hemos tenido normalizadas en la sociedad. Ahora que soy mayor, esas conductas las puedo ver como cosas aberrantes. En el libro, por ejemplo, está el acosador que dice ser un tipo de izquierda y que tiene valores, moral; sin embargo, muchas de sus acciones contradicen su moral. La izquierda siempre se ha ufanado de una superioridad moral por encima de la derecha, cuando en el fondo lo que nos iguala a todos, sin importar nuestra ideología, son nuestras miserias.

Hay otro personaje que, a diferencia del arribista, del ambicioso, parece un conformista... Parece un conformista porque no tiene esa ambición de poder, de dinero, y eso ahora es algo mal visto. En lo personal, porque construyo ese personaje basado en mí. Esa falta de ambición, esa falta de deseo por lo material siento que se critica, que se menosprecia al que no desea más poder, al que no desea más dinero, porque vivimos en una sociedad consumista donde se impone el capitalismo. Claro, cuando digo esto, me dicen comunista. ¡Pero si yo uso zapatillas Nike! Lo ideal es que haya un punto de encuentro entre las ideologías, que sean las personas las que estén por encima de los logros económicos.

El protagonista, que está basado en ti, habla de sentimiento de culpa. ¿De qué se siente culpable? Se siente culpable de haber sido un matón, de haber hecho daño a otros; se siente culpable del acoso a una compañera de universidad. En ese personaje trato de representar algo que nos hace falta: asumir las culpas. Si la gente asumiera sus culpas, las cosas irían mejor.

En este libro también se hace referencia al consumo de drogas. ¿Qué significó para ti esa etapa en tu vida? Fue una etapa muy negra. Siempre me llamó la atención ese mundo subterráneo, todo lo que fuera marginal. Entonces, hubo un momento en mi vida en que me metí de cabeza y entraba en una vorágine de autodestrucción de la cual era inconsciente... Yo he perdido esa vergüenza a ver mi pasado. Yo lo he contado porque quiero que me conozcan de verdad... Yo he hecho un esfuerzo por que este último libro termine con una reflexión que intente cerrar una herida. Hay culpas que se asumen.

Ahí también se aborda el tema del racismo, la discriminación... La novela desarrolla los complejos de estos dos personajes, y uno de los complejos que estos tienen es que son cholos. Ellos no se asumen como tales. Ellos siempre están buscando blanquearse, buscan a una mujer blanca para mejorar la raza. En Un mundo para Julius, este problema está bien desarrollado. Luego tenemos “Alienación”, de Julio Ramón Ribeyro. Son dos historias a las que siempre vuelvo. Ha sido muy difícil haberse sentido dueño de una identidad y valorarse a sí mismo por lo que eres y no por lo que aparentas. El problema no es ser cholo, el problema que es que tenemos una estructura, como sociedad, en el cual muchas veces se criminaliza eso. En ese sentido estamos muy jodidos.

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