El amor, los enredos y las diferencias de clase llegan al escenario de la Alianza Francesa de Lima con ‘Las Bodas de Fígaro’, uno de los grandes clásicos de la comedia francesa. Bajo la dirección de Jean Pierre Gamarra, la obra propone una mirada renovada sobre el texto de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, combinando humor, crítica social y una marcada teatralidad.
Fernando Luque asume el protagonismo de esta puesta en escena y da vida a Fígaro, un personaje astuto, ingenioso y dispuesto a desafiar las estructuras de poder de su época.
—¿Qué es lo más desafiante para un actor al enfrentarse a una obra tan reconocida y con una tradición interpretativa tan grande?
Yo creo que Jean Pierre (Gamarra) ha hecho una jugada maestra, que es no solo ser el texto, sino hacerlo como probablemente se hizo en el sentido actoral, con mucho de comedia del arte y con mucho de no tener ninguna intención de representar la realidad. El teatro realista es una cosa contemporánea que más o menos intenta imitar al cine. Eso hace que los textos cobren su verdadero potencial, porque el teatro antes no pretendía representar la realidad; pretendía hacer una alegoría, algo más sublime, algo más simbólico, incluso en la sátira. Entonces, aquí también hay un constante trabajo con el público, con la narración, que va muy por otro lado en relación a que el personaje sea verosímil. No importa tanto que sea verosímil; lo importante es que se cumplan ciertos paradigmas narrativos de la historia.
—La obra exige un trabajo muy preciso entre actuación, música y movimiento. ¿Cómo ha sido para ti encontrar ese equilibrio y qué has aprendido de este proceso?
Para mí, la clave ha estado en que, al abrir la teatralidad con la que trabaja Jean Pierre, la música, el canto, ingresa de una manera más sencilla. Y, además, también el uso del cuerpo, al no tener que representar la realidad tal como es, permite un nivel de juego mucho mayor al de si se hubiese trabajado de una manera más realista la obra.

—Si el público llega a ‘Las bodas de Fígaro’ sin conocer la historia ni la ópera, ¿qué te gustaría que se lleve después de verla?
La frescura de los personajes, la libertad con la que se desenvuelven, el amor que está detrás, al fin y al cabo, de sus acciones, sus errores y lo divertido que puede ser también la vida misma. Creo que una buena comedia muestra el lado más simpático de la vida.
—El humor es uno de los elementos centrales de ‘Las bodas de Fígaro’. ¿Cómo han trabajado la comedia para que conecte con un público contemporáneo?
A partir del reconocimiento de ciertos mecanismos de la comedia popular, Alonso Cano lidera un poco, dando muchas ideas de cómo aterrizar un texto tan antiguo y darle matices que pertenecen a una comedia peruana. Hay muchas cosas que quizás no sé si en el fondo se noten, pero son inflexiones que podrían pertenecer al Especial del Humor. Y yo creo que eso está muy bien. Beaumarchais, en su momento, era el Especial del Humor de la Francia prerrevolucionaria. Cuando se estrenó, cumplía una función dentro de la sociedad.






