“La ballena”, obra de teatro escrita por Samuel D. Hunter, que en su adaptación al cine le otorgó el Oscar a mejor actor principal a Brendan Fraser, se presenta desdeel 5 al 7 de junio en el Teatro Canout. En esta corta temporada, Charlie, el protagonista de la historia, un profesor de literatura con obesidad mórbida, es interpretado por el primer actor argentino Julio Chávez, quien cuenta a Correo que su enfoque principal fue evitar el morbo visual y la caricatura, centrándose en la humanidad y vulnerabilidad del personaje.
“Yo no vi la película, tomé contacto con el texto de la obra de teatro que siempre será una interrogante porque la obra le pregunta al intérprete: ‘¿Cómo me vas a contar?’. Porque una obra, de acuerdo a las manos en las que cae cuando una persona elige hacerla, de alguna manera lo que le está diciendo a la obra es: “Yo te voy a contar”. Y acá hay un gran tema que tenía que ver con que no sabía si estábamos logrando superar el impacto inicial de una situación física que el espectador sabe que el actor no tiene”, dice Chávez.
Un actor que encarna a un hombre con obesidad mórbida, si no está bien presentado podría quedar como una caricatura.
Como no estoy habituado a eso, no sabía cómo era el oficio de quienes lo hacen, pero me llevé una gran sorpresa en el armado de la situación física de Charlie. Por otro lado, para nuestro gusto, el texto original tenía un exceso de crítica hacia la religión, y aspectos un poco “pornográficos” en cómo mostraba su situación física y hasta cómo comía. A mí no me atraía ese voyerismo de espiar a un ser mórbido; lo que me interesaba era atrapar al espectador en una curiosidad sobre qué le pasó a este hombre para estar así y que, al final, la mirada se ubique en su humanidad.
Vemos ante todo a un hombre con mucha culpa, con ganas de reconciliarse con su hija y que siente que ha cometido muchos errores.
Ha cometido errores porque es un ser humano atravesado por instituciones: la iglesia, la familia, la pareja, la educación. Hay una frase de Charlie que repito mucho: “No siempre con armas de misionero van a hacer que comprendas al ser humano”. No busco criticar a la religión o a los médicos, sino señalar que esas herramientas no siempre resuelven la totalidad del problema humano. Charlie toma decisiones sobre cómo pasar sus últimos momentos, algo a lo que tiene derecho. Lo que me importaba era darle un carácter de humor y ternura, no sobrecargar las tintas. Construimos un Charlie que no tiene cara de trágico ni se autocompadece, lo cual lo vuelve más misterioso.

La caracterización física del personaje es todo un reto.
Tienes que tomar tus precauciones y prever algunos asuntos muy graciosos. Algunos, como por ejemplo, dejar de tomar agua seis horas antes, porque sacarte el traje si tienes que ir al baño es realmente complicado. Y como andaba muy preocupado por ese hecho, un día llegué a solicitar pañales por las dudas para que yo no entrase en una zona de pánico que nunca sucedió. El traje tiene sus temas, he tenido que aprender a llevarlo y a usarlo, es un compañero de trabajo estupendo.
¿Te es fácil despedirse del personaje después de cada función? ¿Te vas a casa sin esa carga o es parte de un proceso difícil?
Salvo algún dolor lumbar, es muy fácil, no soy un actor que establezca una situación de apego místico a los roles; me saco el traje y vuelvo a mi propia ficción con facilidad. El momento de más apego y ‘noches borrascosas’ ocurre durante los ensayos, mientras se construye al ser que hay que contar. Pero una vez que el trabajo está cumplido, me es muy gustoso entrar y salir de Charlie.
¿Siempre decides aceptar un proyecto cuando te reta, cuando el material es complejo?
No siempre la complejidad de los materiales es una invitación y un sí anticipado.Me ofrecieron hace muy poco hacer Esperando a Godot y es un material que conozco mucho, lo he leído varias veces, pero como actor no me metería porque me parece que es una obra de director fundamentalmente. No sé si me atrevería a correr el riesgo de meterme en un viaje con un director que no conozco, mi interés se despierta cuando, además de la complejidad del material, tengo la creencia de que cuento con las herramientas para poder, por lo menos, dialogar con ese materia. Si pasa eso, lo hago.





