En “Todo sobre el amor”, Bell hooks resalta la necesidad de definir el amor, sobre todo, para que ciertas actitudes y comportamientos violentos no se justifiquen en su nombre. “Sin definiciones es imposible que la imaginación se active. No se puede hacer realidad algo que no se ha imaginado. Una buena definición constituye el punto de partida y permite comprender adónde se quiere llegar”. Hooks también insiste en concebir al amor como una acción más que como un sentimiento, pues de esta manera todas las personas implicadas pueden asumir responsabilidades; “si tuviéramos siempre presente que el amor se expresa a través de los actos y conductas que genera, no utilizaríamos la palabra para devaluar y rebajar su significado”. En este sentido, cuando amamos, expresamos cuidado, afecto, responsabilidad, respeto, compromiso y confianza.
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Las poéticas del amor en La Libertad
En muchas de las poéticas de los autores y las autoras de La Libertad he podido notar que esta idea del amor como acción se hace presente; por ejemplo, en “Anatomía de la espera” Roberto Jáuregui explora las distintas contradicciones que se propician en el acto de amar; Jáuregui ofrece una visión dialéctica del amor. En el Canto IV se lee lo siguiente: “Amor mío, he llegado hasta ti / a través de las edades / Amor mío / déjame curar las flores que tú amabas / déjame llegar hasta tus bordes / hasta la luna y la aurora / que anunciarán el retorno de los ríos”. Otro poeta que concibe al amor como acción más que como sentimiento es Joe Guzmán con “La arqueología del caos”. En este poemario destaca el poema Amor, texto del que se lee lo siguiente: “Querida Lucía: / Yo te haría el amor / con el estómago ardiendo de ibuprofenos / te sacaría los ojos para colgarlos sobre mi pecho / como un collar que sirve para alejar los malos espíritus / sabiendo que no hay peores fantasmas que tu escritura / y tu sonrisa”. Ahora bien, sin proponerse explorar las dimensiones del amor, en su poemario Joe Guzmán sí logra complejizar este concepto en la medida en que amplía su semántica; el amor también está en los seres que engendramos.
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En “Cada nueve meses se gesta la muerte de un alma platónica”, Carolina Salazar Merino presenta al amor como el elemento regulador del caos, un sentimiento que se hace presente en manifestaciones reales de afecto; el poema “Sobre mi madre” no es solo una dedicatoria al ser amado, es también un agradecimiento a los actos de amor que desde la maternidad han nacido; “puedo decir, madre, que conozco la ira gracias a ti, / también la valentía, el coraje, la fuerza / ser joven y ser madre: un acto cruel, forzado, aclamado”. Diandra García en “Registros Atávicos” también muestra las dimensiones del amor materno, sobre todo, en esa etapa en la que representa un refugio cuando los hijos se enfrentan a sus miedos e inseguridades; “mami, quiero ir a casa, / sentir los dedos de papá acariciando mi cabeza, cerrar los ojos / mami, soy mujer / y solo tengo más preguntas”. En su poética, Diandra García reúne aquellas voces familiares del pasado que hacen eco en el presente; su poesía es el regreso a la infancia; a la nostalgia del paraíso, del infierno y del limbo.
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Las poéticas del desamor
Así como el amor se concibe desde la acción y no desde el sentimiento, la ausencia de actos amatorios propicia la aparición del desamor. En “Baladas de una joven enamorada empujando su carrito sanguchero”, Esmeralda Cueva evidencia muy bien cómo el desamor puede ser una imagen poética significativa; “hay amores que tienen un gran valor / otros, una miseria / ahora bien / hay quienes se encuentran / el amor en su camino / y, otros como yo / que solo hay en dinero”. La poesía de Esmeralda Cueva no es un juego de palabras, sino una auténtica fusión de la escritura con la vida. Yosset Bermejo es otro de los poetas que se inserta muy bien en esta tradición poética del desamor; con “Romper precinto en caso de” evidencia la nostalgia de no llegar a tiempo cuando se tiene una cita con el amor; “siempre he sido puntual (…) sin embargo, un martes en un café miré el reloj y profundamente decepcionado caí en la cuenta de que sí, mujer, esa sola vez llegué tarde a tu corazón, llegué muy tarde”
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En “El amor ha parido una luz terrible”, Hilsa Rodríguez realiza una construcción alegórica del dolor que acompaña a todo acto de amar, una sucesión de metáforas que juntas evocan cómo la terrenalidad del cuerpo herido muestra sus cicatrices en el acto sagrado poético. Cuando se reflexiona sobre el amor, también es necesario pensar en aquellos comportamientos que, siendo contrarios a él, usurpan su lugar. “Si todos en nuestra sociedad entendiéramos el amor de la misma manera, el acto de amar no sería tan problemático”. (Bell hooks)