La guitarra, como instrumento protagonista dentro de un formato sinfonico, es la propuesta que trae a Lima el próximo 22 de abril Rafael Aguirre, quien ofrecerá un concierto en el Teatro Municipal de Lima, acompañado por la Filarmónica Teresa Quesada, bajo la batuta de Pablo Sabat. En declaraciones a Correo, el aclamado músico español considera que falta compromiso para promover carreras de guitarristas, del mismo modo que se impulsa a grandes figuras de la ópera o del piano.
“A la guitarra muchas veces se la presenta como instrumento, pero no tanto a sus intérpretes. Si se fortaleciera ese apoyo mediático, institucional y empresarial, sería mucho más fácil llenar los teatros. Aun así, incluso sin ese respaldo, muchas veces ya se logran llenar o casi llenar las salas”, dice Aguirre.
Interpretarás el Concierto de Aranjuez. ¿Qué sientes cada vez que tocas una obra tan cargada de historia y emoción?
Siento una gran responsabilidad. Es el concierto para guitarra y orquesta más interpretado y una de las grandes obras maestras de la música clásica. Se ha ganado el cariño tanto del público como de los especialistas. Mi objetivo es hacer justicia a todos sus matices y comunicar, de la forma más natural posible, mi propia visión de la obra.
¿Hay algún momento del Concierto de Aranjuez que te siga conmoviendo especialmente en escena?
Cada vez es distinto. El primer movimiento es festivo, el segundo profundamente conmovedor y el tercero muy juguetón. Dentro de esos caracteres, siempre hay momentos que cambian según cómo suene la orquesta, la atención del público y mi propio estado en ese instante.
También incluyes la Fantasía para un gentilhombre. ¿Cómo dialogan estas dos obras dentro de un mismo concierto?
En mi historia personal dialogan perfectamente. Las descubrí juntas en un cassette: una en cada cara. Me encantaba pasar de una a otra y nunca tuve una favorita; me gustaban ambas por igual. Ese vínculo personal sigue muy presente en el escenario.
El afamado compositor Joaquín Rodrigo compuso estas piezas sin poder ver. ¿De qué manera crees que eso se percibe en la música?
Seguramente tuvo que desarrollar un mundo interior muy rico. Nunca sabremos cómo habría compuesto de haber tenido visión, pero lo que sí es evidente es su enorme sensibilidad. Su música está llena de imaginación, probablemente porque tuvo que recurrir a ella de forma más intensa que otros.

Hoy los grandes escenarios están dominados por el piano o el violín. ¿La guitarra sigue teniendo que ganarse su lugar?
Sí, todavía tiene camino por recorrer. Sin embargo, cada vez que se presenta, el público conecta de inmediato con ella, porque es el instrumento más popular del mundo. Aun así, hace falta un mayor esfuerzo conjunto de intérpretes, programadores, medios y productores.
¿Qué tan distinto es tocar con una orquesta como la Filarmónica Teresa Quesada frente a hacerlo en solitario?
Cuando se toca con orquesta, el sentido del ritmo debe ser más firme, porque es un trabajo colectivo donde todos deben escucharse y coordinarse. En el solo hay más flexibilidad, aunque eso no significa descuidar el ritmo. Son experiencias distintas, pero ambas igual de enriquecedoras.
Si alguien nunca ha ido a un concierto de guitarra clásica, ¿por qué este sería el momento ideal para hacerlo?
Porque son obras muy accesibles, bellas y emocionantes. Yo mismo me enamoré de la guitarra escuchándolas cientos de veces. Estoy convencido de que quien venga a escucharlas en vivo querrá repetir la experiencia.
En Perú, el nombre de Paco de Lucía tiene una conexión especial por la incorporación del cajón peruano al flamenco. ¿Cuánto crees que transformó la historia de la guitarra?
Paco de Lucía es uno de mis guitarristas favoritos y probablemente una de las figuras que más ha dominado el instrumento en la historia. Su incorporación del cajón peruano al flamenco es un ejemplo maravilloso de cómo la música se nutre de distintas culturas. Su nivel técnico y su capacidad de innovación cambiaron la percepción de la guitarra y abrieron nuevas posibilidades expresivas. Su influencia es enorme y todos los guitarristas le debemos mucho.
¿Qué significa la guitarra para Rafael Aguirre?
Es el medio que me permite ganarme la vida, viajar por el mundo y conocer a personas de distintas culturas. También es una herramienta para invitar a más gente a acercarse a la música como una forma de encontrar calma, paz interior y una mejor conexión entre nosotros. En ese sentido, representa una oportunidad maravillosa para expresar, a través de la música, todo lo que hemos vivido como sociedad.





