Leotex Sombreros, en Arequipa, un reflejo de las tradiciones y del esfuerzo para crecer. (Foto: Flor Barrios/@photo.gec)
Leotex Sombreros, en Arequipa, un reflejo de las tradiciones y del esfuerzo para crecer. (Foto: Flor Barrios/@photo.gec)

Mientras Arequipa celebra sus 486 años entre música, danzas y calles llenas de fiesta, cuatro hermanas mantienen viva una tradición que también se llevan puesta. Para ellas, el sombrero no es solo una prenda contra el sol, es una parte de la historia arequipeña que aprendieron a valorar en casa y que hoy siguen colocando sobre la cabeza de sus paisanos.

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Nos referimos a las hermanas Cecilia, Yolanda, Claudia y Edith Hanco Rivera. Juntas sostienen desde hace 38 años un negocio dedicado a los sombreros, una labor que heredaron de sus padres y que hoy mantienen como una pasión que las une y las identifica.

“Las cuatro empujamos un solo coche”, cuenta Cecilia Hanco Rivera al recordar el camino recorrido junto a sus hermanas. Cada una asumió una responsabilidad dentro del negocio, desde la administración y las finanzas hasta la producción y las ventas, convirtiendo la unión familiar en la principal fortaleza de su empresa.

DEDICACIÓN EN EL NOMBRE

Yolanda recuerda que su formación estuvo marcada por el esfuerzo. “No somos princesitas”, resume al contar que desde pequeñas aprendieron a realizar trabajos que exigían fuerza, cargar peso y trabajar hasta la madrugada cuando los pedidos lo requerían. Esa perseverancia fue la que les permitió sacar adelante un oficio que hoy las apasiona y que convirtió su unión en el motor de la empresa.

En esa historia familiar también permanece el nombre de Leonor, su madre, cuyo nombre dio origen a Leotex Sombreros, con su sede en el mercado San Camilo. Hoy, cuatro décadas después, las hermanas ampliaron ese legado con Montera, una nueva marca de propuesta premium que mantiene al sombrero como protagonista.

El sombrero arequipeño tiene una historia que va más allá de las celebraciones de agosto. Según Cecilia, sus raíces están relacionadas con la agricultura, las peleas de toros y el caballo de paso, actividades que contribuyeron a convertirlo en una prenda reconocible dentro de las tradiciones de Arequipa.

Con el paso de los años, el modelo también cambió. Lo que inicialmente tuvo características de un sombrero texano, con cordón amarillo y estilo vaquero, fue adquiriendo nuevas formas hasta consolidarse el llamado sombrero chacarero y otros modelos asociados a la vestimenta tradicional arequipeña.

Aunque la materia prima llega principalmente desde el norte del país, en Arequipa comienza otra parte de la historia. La paja macora y la paja toquilla llegan prácticamente tejidas y son trabajadas para darles forma, altura de copa y tamaño de ala, según el modelo que busca cada cliente.

Este trabajo puede tomar desde una semana hasta 15 días, dependiendo de la calidad y del grosor de la hebra. Mientras más fina es la fibra, mayor es el tiempo y el costo de elaboración. Un sombrero de macora fina puede alcanzar los mil soles y, con mantenimiento, conservarse durante varios años.

Para ellas, cada sombrero que sale de sus manos lleva algo más que paja y forma: lleva también el orgullo de sentirse arequipeñas.

Cada prenda refleja meses de dedicación en Leotex Sombreros, Arequipa. (Foto: Flor Barrios/@photo.gec)
Cada prenda refleja meses de dedicación en Leotex Sombreros, Arequipa. (Foto: Flor Barrios/@photo.gec)
También los puedes encontrar en varios colores en Leotex Sombreros, Arequipa. (Foto: Flor Barrios/@photo.gec)
También los puedes encontrar en varios colores en Leotex Sombreros, Arequipa. (Foto: Flor Barrios/@photo.gec)

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