La irrupción masiva de la tecnología y las plataformas digitales ha transformado radicalmente la forma en que los candidatos buscan captar la atención de los electores. Sin embargo, existe una peligrosa desconexión entre la viralidad en internet y la realidad de las urnas. Para profundizar en este fenómeno, conversamos con el especialista Gilmer Condori sobre los mitos de la publicidad artificial, la importancia del contacto territorial y cómo el ciudadano debe filtrar la información frente a las campañas actuales.
¿Por qué vemos que ahora los candidatos invierten demasiado en redes sociales? El error principal de muchos candidatos, como ocurrió a nivel nacional con figuras que realizaron millonarias inversiones (por ejemplo, César Acuña), es que no supieron conectar con el electorado. Las redes sociales en política no sirven solo para difundir propuestas tradicionales, sino para generar narrativa y empatía —tal como hacen los creadores de contenido al hablar de los problemas diarios de la gente de a pie—. Además, existe la falsa creencia de que tener más “likes” o compartidos garantiza votos, cuando en la realidad digital los “likes” no se traducen necesariamente en respaldo en las urnas.
¿Es bueno o malo aplicar videos con inteligencia artificial para esta campaña electoral? La inteligencia artificial es útil como recurso narrativo en animaciones, pero se abusa de ella al mostrar obras monumentales irreales —como megaobras futuristas que contrastan con la realidad o candidatos volando como superhéroes—. Este tipo de contenido viral solo sirve de forma pasajera para candidatos poco conocidos que necesitan visibilidad urgente. Sin embargo, la ciudadanía ya identifica fácilmente el contenido generado por IA, por lo que este tipo de propaganda basada en proyectos fantásticos ya no genera un impacto real ni persuasivo en el electorado.
¿Cómo se articula el trabajo de los comunicadores con los políticos frente a la tentación de abandonar las calles y apostar únicamente por campañas masivas en internet? La campaña digital y la territorial deben funcionar de la mano bajo un esquema híbrido. Actualmente se observa una mayor profesionalización de la comunicación política donde los candidatos ordenan sus narrativas y usan cuentas verificadas e imagen corporativa. No obstante, un candidato que no sale a tocar puertas ni recorre las calles no logrará trascender en redes sociales, ya que internet es simplemente el reflejo de la presencia real y del trabajo territorial que se realiza con los vecinos.
¿Qué papel juegan la guerra sucia, las cuentas falsas y las granjas de bots en la actual contienda electoral? Aunque la publicidad política en redes sociales aún no cuenta con una regulación estatal estricta como en la televisión o la radio, las propias plataformas (como Meta) exigen descargos de responsabilidad y aplican filtros inteligentes. Las granjas de bots y los ataques sistemáticos ya no impactan como antes porque las plataformas identifican a los actores políticos y las audiencias se percatan rápidamente cuando se busca dañar a un rival, neutralizando en gran medida los efectos negativos de la desinformación.
De cara a los comicios y considerando el comportamiento particular del electorado local, ¿qué sorpresas podrían darse y cómo debe tomar su decisión final el ciudadano? Las definiciones suelen darse en los últimos días previos a las votaciones, cuando el elector investiga la trayectoria real del candidato. En regiones como Arequipa, la campaña territorial y el contacto directo cara a cara son indispensables para despertar el interés del votante, quien luego contrasta esa vivencia con las cuentas oficiales verificadas. La recomendación clave para la ciudadanía es actuar con el mismo rigor con el que se evalúa la compra de un electrodoméstico: comparar propuestas serias, rechazar perfiles falsos creados solo para la coyuntura y priorizar la información transparente proveniente de medios formales y organismos oficiales.
PERFIL
Gilmer Condori Alvarez. Especialista en comunicaciones
Es egresado de la Universidad Nacional de San Agustín. Tiene su propia consultora política. Realiza estudios de comunicación política.





