Dos papas liofilizadas de aproximadamente 500 años de antigüedad fueron halladas en el sitio arqueológico de Tambo Viejo, en el valle de Acarí, provincia de Caravelí, región Arequipa, en un descubrimiento que permite a los investigadores reconstruir parte de la sofisticada estrategia alimentaria que sostuvo al Imperio Inca.
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El hallazgo fue documentado por los investigadores Lidio Valdez (arqueólogo) y Katrina J. Bettcher en un estudio publicado en la revista científica Journal of Field Archaeology. Los tubérculos fueron encontrados dentro de una vasija de cerámica enterrada en un antiguo depósito incaico, acompañados de fragmentos de cerámica y un huso deteriorado.
Según la publicación, los ejemplares corresponden a chuño, producto elaborado mediante la liofilización natural de papas. El proceso consistía en exponer los tubérculos a las intensas heladas nocturnas de las zonas altoandinas y al fuerte sol diurno, repitiendo ese ciclo varias veces hasta eliminar gran parte de la humedad.
En el caso del chuño blanco, como el identificado en Tambo Viejo, el procedimiento incluía además semanas de remojo para eliminar sustancias tóxicas de ciertas variedades. El resultado era un alimento ligero, fácil de transportar y capaz de conservarse durante años sin perder sus propiedades nutritivas.
Uno de los aspectos más llamativos del hallazgo es su ubicación. Tambo Viejo se encuentra en una zona costera desértica donde no existen las condiciones climáticas para producir chuño, lo que confirma que los alimentos eran trasladados desde las regiones altoandinas mediante una eficiente red de distribución estatal.
Cabe mencionar que, según los investigadores, el único antecedente comparable fue registrado hace más de un siglo en el complejo arqueológico de Pachacámac. La notable preservación de los tubérculos hallados en Tambo Viejo se explica por la extrema aridez de la costa sur peruana y por la protección que les brindó durante siglos la vasija de cerámica en la que estuvieron guardados.
Al respecto, los arqueológos prevén llevar a cabo análisis químicos más exhaustivos para precisar la procedencia de las papas, lo que permitiría identificar algunas rutas que empleaban los incas para abastecer de alimentos a los distintos puntos de extenso territorio.
Más allá de su valor cultural, hoy es reconocido también como una opción sostenible frente al problema del desperdicio alimentario.
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