Vecinos de la calle Morro de Arica sostienen desde hace más de 90 años la fiesta de la Santísima Cruz del Morro de Arica, en la parte baja del distrito de Miraflores, una devoción que resistió incluso a la pandemia y que se transmite generación tras generación.
En el barrio, una pequeña capilla de sillar guarda una fe que ha marcado la vida de decenas de familias por generaciones: la Santísima Cruz, cuya fiesta se celebra cada mes de junio.
HISTORIA
La cruz grande de la capilla ya tenía su rostro tallado desde siempre. La pequeña, en cambio, llegó por dos caminos distintos: un inquilino que vivía más arriba la dejó al mudarse de casa, y el rostro de esa crucecita fue donado por la señora Luz Díaz, ya fallecida.
La capilla, hoy más grande y con portales, empezó siendo pequeña y baja, sin puerta, solo con rejas. Su crecimiento se debe a los vecinos que se organizaron para refaccionarla y ampliarla, personas cuyo aporte fue reconocido después con una placa en el lugar.
Antes de que existieran los alferados, la fiesta se sostenía con comisiones formadas por grupos que organizaban parrilladas y actividades para juntar fondos. Entre ellos estuvieron José Sandoval, Lourdes Alpaca y Abraham Banda, además de otro grupo integrado por Geancarlo Begazo, Uriel, Jesús Palomino, César Manchego, Manuel Alpaca, Arturo Rodríguez y Jim Begazo.
Colaboraron también, a lo largo de los años, María Contreras, Percy Calcina y familia, Maxi y familia, Higinio Calcina y familia, Heroína Peralta, César Llanos (+), Juan Pacheco, Augusto Manchego (+).

Con el tiempo, la modalidad cambió hacia la fiesta organizada por familias. El primer grupo en tomar esta responsabilidad fue el conformado por Banda Flores, Lema Banda, Banda Valdivia y la señora Adriana González Talavera. Le siguieron, entre otros, Ernesto Cabana y familia; Jesús Palomino y familia; Ernesto Barrios; Nelly Rodríguez e hijos y familia Begazo Rodríguez; la familia Vera Ticona junto a Edwin Palomino y familia; Yuliana Paredes y familia junto a Mery Díaz de Bejarano y familia; Juan Bejarano y familia; y la familia Aguirre Pantigoso.
También asumieron el compromiso Silvia Valer junto a Lucy Hut, y los hermanos Richard y Fausto Palomino Díaz, alferados de este 2026. La promoción del colegio Micaela Bastidas también ha tenido un rol activo. Los bocaditos y cócteles de cada fiesta, año tras año, corren por cuenta de la familia Calcina y de Bertha.
“Luis Flores viendo que faltaban los brazos a la santísima Cruz, tenía su arte en sus manos, él confeccionó y regaló los brazos a la santísima Cruz”, recuerda una devota.
FIESTA A LA SANTÍSIMA CRUZ
La celebración se concentra en dos días. El sábado, a las 5:00 a. m., se realiza la tradicional Troya del Alba, con los 21 cañonazos que anuncian el inicio de la fiesta. Por la tarde, alrededor de las 6:00 p. m., sale la procesión desde la capilla y acompañan los “caperos”, bandas de músicos que siguen el recorrido. Al término de la procesión se presentan números de baile, danzas y mariachis, y los alferados ofrecen un ponche como parte del compartir.
El domingo es el día central con la misa que se celebra a mediodía, seguida de un agasajo para los niños y adultos. Luego se sirve un almuerzo y se cierra la jornada con orquesta. Es también durante esta fiesta cuando los vecinos se anotan como devotos para asumir la organización del año siguiente.
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