Teódulo Samaniego Rementería es un apasionado de la fotografía y la videografía que se resiste a jubilarse. Trabajó 35 años de su vida como fotoperiodista y asistente de imagen. De esa etapa, veinte los dedicó de lleno a la reportería gráfica en el Diario Correo, al que considera su alma máter.Don “Teo” pertenece a esa generación dura que tenía por enfoque y objetivo la captación de imágenes crudas y objetivas, y es que para esos tiempos no había censura ni restricciones como las tenemos hoy, tanto en medios impresos como en espacios digitales.

¿Cuántos años dedicados al periodismo?

35 años dedicados a la fotografía y a la filmación. Trabajé en diversos medios periodísticos, así como en instituciones como la municipalidad de Huancayo, con Fernando Barrios y Dimas Aliaga; también pasé por el Congreso.

¿Cuántos años dedicados a Correo?

Veinte.

¿Por qué otros medios pasaste?

El diario La Voz, donde empecé a los 13 años, de la mano del director César Araujo. En los 90 estuve en Correo pero renuncié para irme a sembrar espárragos a Ica, debido a la situación apremiante que llegó con Alberto Fujimori. Para entonces, tuve que adquirir un tractor financiado, pero el pago de las letras me asfixiaron, por lo que me vi obligado a regresar a Correo, después pasé a Primicia y luego a la municipalidad de Huancayo, con Fernando Barrios.

¿A qué directores de Correo conociste?

A “Chalo” Hidalgo, Carlos Ordóñez, Rodolfo Orozco y Héctor Mayhuire. También me fui a la Crónica de Lima y, tiempo después, al Congreso con Orozco, que era una gran persona.

¿Consideras que Correo fue una gran escuela para ti?

Correo es mi alma máter, ahí me formé, conocí a muchos amigos e hice una gran trayectoria donde volqué toda mi energía periodística y mi habilidad para ver los ángulos. Llegué a trabajar en la época del terrorismo en la que debías caminar cerros tras cerros e internarte en lugares de matanza.

¿Qué tan duras eran esas épocas?

Mira, en esa época ingresábamos a la morgue a medianoche, todo con el fin de conseguir la exclusividad. Como en todo diario, el descuido y el incumplimiento no se perdonaba. A propósito, el 87 se programó un desfile de ronderos en el distrito de Comas a donde fui designado para ir por aire con una delegación militar. Éramos siete y no alcancé a subir al helicóptero porque llegué dos minutos tarde. Dios no quiso que vaya con ellos. Al regresar, me esperó un memo que me suspendía tres días. Esa tarde me enteré de la muerte de ocho ocupantes de la nave. Según testigos, explotó a pocos segundos de levantar vuelo para el retorno. Ese día, murieron colegas e hijos de algunos periodistas como del colega Walter Lazo.

¿Cuándo ingresaste a Correo?

A los 16 años, pero antes estuve en La Voz, a donde llegué a los 13. Yo aterricé en Correo poco después de presentar unas fotos de una jornada taurina sangrienta en Sicaya. Fue un impulso que contó con el permiso del director de La Voz. Esas fotos en secuencia eran de un torero que resultó embestido por un toro bravo. Aquella vez, el matador resultó con las entrañas afuera, y yo tenía todas las fotos, las mismas que fueron aceptadas en Correo y publicadas en toda la cadena del diario. Ese fue mi trampolín.

¿Cuándo termina tu etapa en Correo?

Cuando partí por otras oportunidades. Ha sido una experiencia que agradezco a todos los directores y compañeros.¿Qué es de tu vida en la actualidad? Estoy en la chacra o haciendo taxi, pero no me desprendo de mi cámara. Mi sueño es conseguir cosas novedosas, a veces salgo en la noche, viendo cosas raras. No dejo la fotografía, eso lo llevaré hasta la muerte.

¿En qué consiste el ojo de un fotógrafo?

El ojo es como el lente de la cámara, está pendiente a todo lo que sucede. Por ejemplo, cuando estoy en la chacra, me fijo en mi línea guía o línea de horizonte. Un fotógrafo debe registrar también qué cambios se producen a su alrededor.Entre todos los que conozco, adoptas posturas poco tradicionales cuando se trata de retratar algo. Lo mío es buscar un ángulo diferente, por eso es que me has visto subirme a un andamio o tirarme al piso.

¿Eso te trajo alguna recompensa?

El año 82, cuando se inauguró la segunda etapa de la hidroeléctrica del Mantaro, con Belaunde Terry, fuimos a la ceremonia y nos concentramos cerca de la bocatoma. Ese día, el gerente de Electroperú dio a conocer la convocatoria de un concurso fotográfico al cual me presenté con una foto que la conseguí a las 5 de la mañana, desde un cerro aledaño, donde solo pasan las cabras. Tomé la sala de máquinas y gané el primer lugar. Pero no solo eso, poco después me subí a una caseta y, con la complicidad del guardia de seguridad, le saqué una foto al presidente, justo cuando bajó cerca de la bocatoma. Aquí gané el tercer lugar.