La emergencia en el sector de Marabamba ha escalado a niveles críticos. A la primera obstrucción del canal Cozo Kotosh Marabamba, se suma ahora un segundo y masivo deslizamiento en el tramo de Hierbabuena, cerca de la bocatoma y el sifón. Grandes rocas han colapsado aproximadamente 100 metros lineales de la infraestructura hídrica, dejando a más de 5 mil familias en un abandono absoluto y sin acceso al agua potable.
La situación en la Institución Educativa Pillko Mozo ha pasado de preocupante a insostenible. El inicio del año escolar se desarrolla bajo un riesgo sanitario inminente, ya que los estudiantes no cuentan con agua para su aseo personal, lo que facilita la propagación de enfermedades.
La crisis golpea directamente la alimentación escolar: la preparación de desayunos y almuerzos en sus casas, vulnerando el derecho fundamental a la salud de cientos de niños y jóvenes.
Indignación contra el Gobierno Regional
A pesar de que el canal de 22 kilómetros es la vena vital de los 18 sectores de Marabamba, la presencia del Estado es nula. La población denuncia la indiferencia del gobernador regional Antonio Pulgar, a quien acusan de ignorar al pueblo y de no haber ejecutado ninguna obra de impacto para Marabamba durante su gestión. Mientras el GORE Huánuco ostenta maquinaria pesada valorada en más de 80 millones de soles, ninguna unidad ha sido enviada para la limpieza de los tramos afectados.
“Estamos abandonados a nuestra suerte. Los políticos solo vienen a Marabamba y Pichipampa a buscar votos y luego se olvidan”, reclaman los pobladores, quienes exigen agua embotellada y víveres enlatados ante la parálisis de sus actividades diarias.
La voz de la desesperación
La alcaldesa de la zona, Candy Rucoba y el dirigente del canal, Eladio Rosales, manifestaron su profunda impotencia ante la magnitud del desastre. Sin el apoyo de la maquinaria pesada regional, resulta imposible remover las rocas que han sepultado el canal y provocado desbordes e inundaciones.
Marabamba, una ciudad en constante expansión migratoria y ubicada a tan solo 10 minutos de la Plaza de Armas de Huánuco, hoy sobrevive entre el barro y la sed, esperando una respuesta que no llega mientras sus escolares inician las clases en condiciones infrahumanas.





