El papa León XIV celebró este sábado 26 de septiembre una misa en la Plaza de la Concordia, en París, como parte del segundo día de su viaje apostólico por Francia. La ceremonia reunió a cientos de miles de personas y estuvo precedida por un recorrido del pontífice por una de las principales avenidas de la capital francesa.
Antes de la celebración, León XIV se trasladó en el papamóvil desde el Arco del Triunfo hasta la Plaza de la Concordia, atravesando la avenida de los Campos Elíseos. Durante el trayecto, se acercó a algunos bebés para impartirles su bendición, mientras los asistentes recibían su paso con aplausos y banderas del Vaticano.
Según fuentes oficiales citadas durante la jornada, más de 700 mil personas se habían congregado en el recinto parisino para participar de la actividad religiosa. Para facilitar que los asistentes siguieran la ceremonia, se colocaron decenas de pantallas gigantes a lo largo de un recorrido de más de dos kilómetros.
El despliegue para la jornada también incluyó medidas de seguridad en distintos puntos de la zona. Alrededor de 14 mil policías, gendarmes y militares fueron movilizados, junto con 2500 bomberos.
Visita a una asociación de migrantes
Antes de dirigirse a la Plaza de la Concordia, el pontífice visitó la Maison Bakhita, una asociación católica que brinda asistencia a migrantes en París. Durante este encuentro, hizo un llamado a construir una convivencia basada en la dignidad y la paz.
La visita formó parte de las actividades programadas para su segundo día en territorio francés. La agenda del pontífice combinó encuentros con distintos sectores y actividades vinculadas a su misión pastoral.
¿Qué dijo durante la misa?
En la homilía, León XIV tomó como referencia un pasaje del Evangelio de Juan para desarrollar su mensaje ante los asistentes.
“El que tenga sed, que venga a mí y que beba”, correspondiente al capítulo 7, versículo 37.
A partir de este pasaje, el papa planteó una reflexión sobre las necesidades más profundas de las personas y su búsqueda de sentido. Asimismo, invitó a los cristianos a reconocer en Jesucristo una fuente de fe y a llevar esperanza y caridad a espacios marcados por el desánimo.
El pontífice explicó que la sed mencionada en el texto bíblico no se limita a una necesidad material. Según su exposición, también representa la búsqueda de sentido, verdad, plenitud, amor y comunión con Dios presente en cada persona.
León XIV señaló que las personas buscan alcanzar felicidad, amor y plenitud, pero planteó la necesidad de identificar dónde intentan satisfacer esas aspiraciones. Su reflexión estuvo centrada en la fuente a la que cada individuo recurre para responder a esas búsquedas.





