Detrás de las fotografías de vacaciones en playas paradisíacas y destinos turísticos de Europa, Sandro Urbano L. y su esposa Sheila H. S. escondían su participación en una organización criminal dedicada al tráfico internacional de drogas. Junto a su hija mayor, la pareja integraba una red de “burriers” que trasladaba cocaína hacia Japón.
El dominical Panorama reveló que la familia residía en una zona residencial ubicada a una hora de Tokio, donde llevaba una vida aparentemente acomodada. Viajaban con frecuencia por el mundo, mientras que, al regresar al Perú, Sandro solía volver a su barrio natal en La Victoria.
INTERVENCIÓN
Esa fachada se derrumbó el miércoles 26 de agosto, cuando agentes de la Dirección Antidrogas (Dirandro) intervinieron a la familia en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, en el que la familia se disponía a viajar. Durante la intervención, se hallaron 11 kilos 750 gramos de cocaína, camuflada entre golosinas.
Las cámaras de seguridad registraron los movimientos previos al operativo. A las 3:16 p.m., Sandro llegó al aeropuerto junto a sus tres hijas, sin maletas de viaje, lo que hizo sospechar a los efectivos. A las 3:38 p.m., un vehículo rojo apareció con bolsas en la parte posterior; ya en el estacionamiento, Sandro y Sheila recibieron los equipajes y se dirigieron hacia el área de salidas internacionales.
Al reunirse con sus tres hijas, la pareja fue interceptada por los agentes antidrogas. Las declaraciones obtenidas durante la acción permitieron ubicar al taxista que había trasladado parte del equipaje, quien también portaba más maletas vinculadas al caso.
Como resultado del operativo, fueron detenidos el padre, la madre, la hija mayor y el taxista implicado en el traslado de la droga.
Marco Godenzi, jefe de la División Portuaria Antidrogas, advirtió sobre el riesgo de involucrarse con este tipo de redes. “Trasladar droga en Perú tiene una pena de 8 a 15 años”, señaló.





