Rosa Amelia Chunga Purizaca pertenece a un grupo muy reducido de mujeres centenarias que llegan al siglo de vida en buenas condiciones, sin dolencias graves y con una lucidez envidiable.
Doña Rosita, como le llaman de cariño, es de raíces sechuranas (Tajamar), pero nació en Pueblo Nuevo de Colán, el 2 de septiembre de 1926. Sorprende a propios y extraños por su vitalidad, sin enfermedades crónicas, comiendo bien y movilizándose con un andador.
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DESCENDENCIA
Su árbol familiar alcanza hoy 66 descendientes de sus dos únicas hijas, nietos, bisnietos y tataranietos, todos orgullosos de tener a una verdadera “abuela de acero”.
Y esto no es exageración: en un país donde llegar a los 100 años ya es poco común, hacerlo con esta calidad de vida convierte a doña Rosita en un ejemplo poco frecuente, y en la mejor prueba de que el cariño familiar también alarga y mejora la vida.
Nació cuando en Piura apenas superaba los 350 mil habitantes y el algodón Pima marcaba el ritmo de la región. Ha sido testigo de casi un siglo completo de historia, con la elección de decenas de presidentes de la república y mudanzas forzadas por inundaciones, etc.





