Algunos regidores de minoría no cumplen con sus funciones.
Algunos regidores de minoría no cumplen con sus funciones.

Por tercera vez consecutiva, la desidia política parece ganarle la batalla a las necesidades urgentes de la población piurana. Las regidoras de minoría, encabezadas por Carla Nima y Karla Vásquez, se ausentaron nuevamente de la sesión de la Comisión de Desarrollo Urbano, provocando la suspensión del debate de proyectos clave para el ordenamiento de la provincia.

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Sin embargo, el desinterés no se limita a una sola mesa de trabajo. En las Comisiones Mixtas de Participación Vecinal y de Economía y Administración, los regidores Sergio Valladolid y Ricardo Acuña también han marcado una ausencia sistemática. Por segunda vez, su inasistencia impidió tratar el convenio con la Beneficencia de Piura en favor de la niñez, así como tres convenios cruciales con los CETPRO de La Arena, Bosconia y María Vianney.

UN FRENO A LA FORMALIZACIÓN

La agenda en Desarrollo Urbano no era menor: se buscaba avanzar en la aprobación del Plan de Desarrollo Metropolitano (PDM) y el Plan de Desarrollo Urbano (PDU). Estos documentos son la llave maestra para que miles de familias en asentamientos humanos puedan, finalmente, iniciar el proceso de formalización y obtener el ansiado título de propiedad que esperan por décadas. Sin estos planes, la ciudad permanece en el caos y las familias en la inseguridad jurídica.

EDUCACIÓN Y PROTECCIÓN SOCIAL EN EL LIMBO

El impacto de estas ausencias se siente con igual fuerza en el sector social. Al no presentarse a las comisiones de Economía y Participación Vecinal, los regidores Valladolid y Acuña están bloqueando convenios que permitirían a jóvenes y adultos de escasos recursos acceder a formación técnica en los CETPRO, además de dejar desprotegidos proyectos de asistencia para menores vulnerables gestionados con la Beneficencia.

ESPALDAS AL PUEBLO

Con esta cadena de inasistencias, queda claro que las rencillas políticas están pesando más que el compromiso con los piuranos. No asistir a estas sesiones no es solo un acto de rebeldía administrativa; es darle la espalda de manera sistemática a la titulación de los hogares más pobres y al futuro técnico de nuestra juventud.

Mientras la ciudad exige soluciones, este sector del concejo responde con sillas vacías. El tiempo corre, y el costo de esta inacción lo pagan los ciudadanos que siguen viviendo en la informalidad y los piuranos más humildes que ven cómo sus oportunidades de progreso se estancan por la falta de voluntad de sus representantes.

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