“Esencial” es el nombre del espectáculo que Alberto Plaza presentará este 16 de septiembre en el Gran Teatro Nacional, y a propósito del título de su más reciente gira, le preguntamos al cantautor chileno que debe tener la música de esencial para que permanezca en el tiempo.
“Pienso que la palabra clave es la honestidad, siento que uno tiene que componer y hacer canciones desde la transparencia, bajo la premisa de que una canción tiene como propósito provocar un efecto positivo. Mi intención al crear, es que la persona que escucha, canta o ve el show en vivo esté mejor que antes de haber escuchado la música. Cuando una obra se hace con ese propósito honesto, en lugar de buscar solo fama o “likes”, tiene altas probabilidades de perdurar en el tiempo", dice Plaza.
¿Tu proceso de creación siempre ha sido el mismo o ha ido evolucionando y afinándose con el tiempo?
Hay un impulso inicial de expresar un sentimiento o emoción, y luego el oficio te enseña a depurarlo y mejorarlo basado en la experiencia. Sin embargo, esa técnica no debería determinar la composición, yo sigo componiendo basado en ese impulso inicial, sin preocuparme tanto por si va a gustar o no; si esa fórmula ha sido exitosa, no tengo por qué cambiarla.
¿Y cómo te has adaptado a los cambios tecnológicos en tu oficio?
Soy hijo del mundo analógico, pero cuando llegó la tecnología me metí mucho en los teclados y computadores para ver si me nutrían creativamente, pero no encontré nada ahí; me devolví y sigo grabando igual que antes. Uso el celular como si fuera una grabadora de periodista antigua y sigo escribiendo a mano.
De todas tus canciones, ¿cuál sientes que se acerca más a tu esencia real?
En el ámbito romántico, diría que “Aventurera”, pero hay un lado mío menos conocido que es la música folclórica. Crecí cultivando el folclore latinoamericano y la música andina, como el huayno, el takirari o la chacarera; esa es casi mi música favorita y me produce un vigor muy especial.

Tus canciones las canta gente de diversas generaciones, desde niños hasta adultos. ¿Cómo percibes este fenómeno?Absolutamente, lo considero una bendición, es muy interesante lo que ocurre porque los jóvenes de hoy están volviendo la mirada hacia la música de los años 70 y 80. Esto sucede porque sienten que a la música actual le falta algo esencial: la espiritualidad, básicamente, somos seres espirituales habitando una experiencia material en un cuerpo, y la música de hoy muchas veces solo ofrece sexo o cosas vanas, dejando a los jóvenes con una sensación de incompletitud.
¿Hay una diferencia notable en la complejidad de las composiciones de antes comparadas con las de ahora?
Hoy la música se ha reducido a algo muy tribal, muy básico, a veces monotónica y con apenas dos o tres acordes. En cambio, antes escuchabas a grupos como Earth, Wind & Fire, Chicago o los Bee Gees y encontrabas una riqueza armónica extraordinaria.
¿Cómo manejas el equilibrio en tus conciertos entre presentar material nuevo y complacer al público con los clásicos de siempre?
Siempre hay que poner cosas nuevas porque uno tiene que ir avanzando, pero un concierto debe componerse de muchas canciones clásicas. La gente quiere encontrarse con lo que ya conoce, con esas canciones que les sirvieron para celebrar un triunfo o conquistar a alguien. Además, hay que respetar las versiones originales de los discos, el público quiere escucharlas tal cual las vivió y las recuerda.
Hay muchos jóvenes con talento haciendo música de cantautor o propuestas interesantes, pero a veces tienen miedo de no triunfar. Con tu oficio y experiencia, ¿qué les dirías?
Mi consejo principal es que deben llevar siempre la idea a la acción, muchos jóvenes talentosos se quedan estancados en el estado de “proyecto” o esperando a ver si alguien los escucha, pero el movimiento se demuestra andando. Existe un ciclo correcto que es: pensamiento, emoción y esfuerzo, los ganadores y los grandes empresarios son aquellos que, aunque fallen muchas veces, llevan el pensamiento a la acción.





