A semanas de sus conciertos en Lima y Arequipa, Álex Ubago reflexiona con Correo sobre sus veinticinco años de trayectoria profesional. Desde esos inicios con una guitarra y sus primeras composiciones, hasta hoy, que recorre el mundo celebrando una carrera que lleva al amor como emblema.
“Una de las cosas más bonitas de aquellos comienzos es que, cuando grabé mi primera maqueta —que en realidad fue un regalo de cumpleaños para mi novia—, no tenía grandes expectativas ni planes comerciales; mi única intención era escribir y cantar lo que sentía. Por eso, todo lo que vino después fue una grandísima sorpresa para mí, creo que las cosas que se hacen de forma auténtica, sin una mente calculadora o comercial, son las que más conectan con el público por su sinceridad”, comenta el cantautor que se presenta el 7 de agosto en el Teatro Fénix de Arequipa y el sábado 8 en el Centro de Convenciones Scencia de La Molina.
Tras 25 años de carrera, ¿ha cambiado tu forma de escribir y entender el amor o hay un concepto que se mantiene?
Hay de todo; he evolucionado y madurado, pero hay cosas que se mantienen igual, siempre he tenido una visión del amor donde, incluso en mis canciones de desamor, hay muy poco rencor. En mis letras suelo reflejar respeto y el deseo de felicidad para la otra persona, aunque la relación haya terminado. Sigo escribiendo con el corazón y trato de ser muy sincero al expresar mis sentimientos.
¿Crees que en el amor somos masoquistas, por eso funcionan mejor los temas de desamor, ruptura y despecho?
A mi entender, las grandes canciones suelen surgir de estados de ánimo al límite, ya sea por estar muy triste, despechado, enfadado o incluso muy enamorado. Cuando estoy feliz no me dan tantas ganas de escribir, prefiero irme por ahí a celebrarlo, en cambio, la tristeza me invita más a mirar hacia adentro y a componer.
¿Entonces el estado natural para crear canciones de amor es el despecho?
Aunque es verdad que en momentos de melancolía han salido muchas de mis canciones más importantes, no es la única vía. Recuerdo que tras la gira de mi segundo disco tuve un bloqueo creativo y un amigo me dijo, en broma, que lo que necesitaba era que me dejara mi novia; pero la realidad es que éxitos como “Sin miedo a nada” o “Estar contigo” son canciones de amor, por lo que también encuentro mucha inspiración en lo positivo.

Tu primer álbum vendió más de un millón de copias. ¿Te sentiste presionado por las cifras de ventas con tus trabajos posteriores?
Sí, inevitablemente sentí esa presión, pero fue algo autoinfligido. mi entorno y mi equipo discográfico jamás me presionaron en ese sentido. A pesar de eso, siempre he intentado olvidarme de los números y las ventas a la hora de sentarme a componer.
Entonces en tu proceso creativo dejas de lado la parte comercial, las cifras.
Nunca me he sentado a escribir un disco con una visión comercial, para bien o para mal; nunca he sido bueno para eso. Siempre he escrito las canciones y he entregado los discos cuando han nacido. Soy un compositor bastante disciplinado, sin embargo, no me gusta forzar la creatividad; prefiero tomar mi tiempo hasta estar seguro de que tengo un buen material, aunque eso signifique ir a contracorriente de lo que dicta la industria.
Tras 25 años de carrera, has visto muchos cambios en la industria musical. ¿Cómo te adaptas a la presión actual de tener que lanzar una canción nueva prácticamente cada mes?
Sinceramente, yo me bajo de ese tren de tener que sacar una canción cada mes, quizá no lo he necesitado hasta ahora y ojalá no necesite hacerlo nunca. Mi manera de funcionar es otra: saco las canciones cuando siento que es el momento y cuando el material realmente merece la pena, sin obligarme a seguir un ritmo frenético.
Ese ritmo escoge que hoy los artistas emergentes busquen la viralidad en redes para lograr exposición y reconocimiento.
Para un artista que está empezando, sacar muchas canciones puede ser una buena estrategia de probabilidad; si vas cien veces, es más probable que alguna se viralice y sirva como un disparador para cambiar tu carrera. El problema es que, si llega ese “chispazo” de viralidad pero no hay un trabajo detrás para mantenerlo, todo se acaba pronto. Por eso, yo veo esto como una carrera de larga distancia.. El hecho de seguir aquí 25 años después aquí no es una cuestión de suerte..





