En el Coliseo de Roma se desarrolla este Viernes Santo el primer viacrucis presidido por el papa León XIV, una ceremonia cargada de simbolismo para la Iglesia católica. La actividad reúne a miles de fieles que rememoran el camino de Jesucristo hacia la crucifixión en un escenario histórico asociado a las persecuciones de los primeros cristianos.
Durante el recorrido, el pontífice carga la cruz mientras se escuchan las meditaciones preparadas por el fraile Francesco Patton, quien hasta junio fue custodio de Tierra Santa. Los textos, sin mencionar países o casos específicos, plantean reflexiones dirigidas al contexto actual, con advertencias sobre la guerra, el uso del poder y distintas formas de violencia.
Entre los pasajes, se cuestiona el ejercicio de la autoridad sin límites y se advierte que quienes toman decisiones deben rendir cuentas por sus actos.
“Toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido: el poder de juzgar, pero también de comenzar una guerra o de terminarla”, señala uno de los fragmentos.
Las meditaciones incluyen referencias a los regímenes autoritarios, la trata de personas y la pérdida de la infancia, así como al sufrimiento de las madres frente a la violencia.
“Tantísimas madres hoy ven a sus hijos arrestados, torturados, condenados, asesinados; son despertadas en medio de la noche por una noticia desgarradora o velan en hospitales a un hijo cuya vida se está apagando”, se indica. Además, se resalta el rol de quienes ayudan en contextos extremos y se pide no caer en la indiferencia ante el dolor humano. “Sigue concediéndonos lágrimas, Señor, para no disipar nuestra conciencia en las tinieblas de la indiferencia”, concluye el texto.





